El reto que enfrenta la agricultura mundial no es sencillo. Por un lado, se estima que la producción deberá crecer en aproximadamente 60% hacia el 2050 para alimentar a una población incesantemente creciente; por otro, se enfrenta a las presiones de utilizar los recursos naturales de manera sustentable para minimizar el impacto de la propia actividad en los mismos. además, se enfrenta a los riesgos a los que intrínsecamente está expuesta la actividad

Transformar sistemas productivos actuales a sistemas productivos resilientes debe ser una prioridad ante los efectos visibles del cambio climático, considerando más aún la relación que existe entre la población más vulnerable y la actividad agrícola.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por su sigla en inglés) define la resiliencia como la capacidad de los sistemas, comunidades, hogares o individuos para prevenir, mitigar o hacer frente a los riesgos, así como la capacidad de recuperarse de choques. las afectaciones por riesgos naturales en el sector agrícola son quizás el ejemplo más tangible, sin minimizar los riesgos políticos, biológicos, económicos, financieros y de mercado.

Destaca que la característica principal de la resiliencia en los sistemas productivos es su persistencia: cuando pueden hacer frente a choques en el tiempo, recuperarse y adaptarse a ellos. A este concepto se le denomina capacidad adaptativa. Para construir resiliencia en los sistemas productivos, la FAO propone tres aproximaciones:

1) Reducir exposición a los riesgos. Existe una diferenciación entre los riesgos climáticos y no climáticos, considerando que en estos últimos hay mayor posibilidad de intervención. Por ejemplo, la erradicación de la peste bovina representa un riesgo menos a los que se expone la actividad pecuaria.

2) Reducir la sensibilidad de los sistemas a los choques, a través de intervenciones destinadas a disminuir los efectos negativos de los fenómenos. Por ejemplo, proyectos de infraestructura hidroagrícola, como almacenamiento de agua para hacer frente a periodos de sequía.

3) Incrementar la capacidad adaptativa de los sistemas, a partir de un entendimiento exhaustivo sobre los potenciales riesgos que pueden afectar la actividad y las tendencias de cambio.

Desde el punto de vista de la política pública, las estrategias para promover la resiliencia deben centrarse en la atención de componentes específicos de los sistemas, utilizando una perspectiva de red de valor; el éxito de estas estrategias dependerá de la existencia de instituciones robustas, un marco regulatorio apropiado, mecanismos de cooperación e infraestructura básica.

En lasegunda parte comentaré estrategias que se han adoptado en nuestro país para robustecer los sistemas de producción agrícola.

*José Renato Navarrete Pérez es subdirector Técnico y de Redes de Valor. “La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA”.

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