En general, podemos decir que la cultura es aquello que configura nuestra identidad y forma parte de nuestro ser. Con base en lo anterior, y con la definición que conocemos de desarrollo sostenible, seguro te estarás preguntando qué tienen en común. Pues nada más y nada menos que ambos comparten el mismo objetivo: darle a las generaciones futuras lo que nosotros hemos conocido; asimismo, la cultura se vuelve un facilitador y motor de las dimensiones económica, social y ambiental del desarrollo sostenible.

Para hacer un poco más claro el punto anterior, se puede decir que una de las formas por las que la cultura se mantiene viva son los cuentos, los cuales comparten los lazos y creencias que tiene en común una sociedad, dando origen a la identidad nacional, mejor conocida como tradición. A su vez, el medio ambiente le da vida a las personas, éstas a las tradiciones y éstas a su vez mantienen viva a la cultura de los pueblos. Es por ello que, a lo largo de los años, se ha hecho visible el papel tan importante que desempeña la cultura dentro del desarrollo sostenible, promoviendo el crecimiento económico, tanto individual como comunal. Asimismo, se vuelve clave para crear las adaptaciones e incrementar la capacidad de resiliencia de los sistemas socioecológicos.

Con base en lo anterior, en la conferencia General de la UNESCO se aprobó la Convención sobre “La Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales” (2005) en donde se establece que “la diversidad cultural crea un mundo rico y variado que acrecienta la gama de posibilidades y nutre las capacidades y valores humanos, y por lo tanto es una fuente principal para el desarrollo sostenible de comunidades, pueblos y naciones”.

Actualmente nos enfrentamos a un gran desafío en materia económica y social, y para lograr un desarrollo sostenible, necesitaremos que la cultura juegue un papel esencial en esto y contribuya así a la construcción de sociedades inclusivas, con educación de calidad, con un mayor bienestar social y con igualdad de género. Esto se logrará a través de la creación de infraestructura que esté arraigada tanto a situaciones locales como históricas y al conocimiento de las comunidades. A su vez, los sectores políticos tienen que reconocer el papel que desempeña la cultura en las decisiones políticas, las iniciativas económicas y financieras y las reformas sociales, ya que la única forma de avanzar es tomando en cuenta la perspectiva cultura de los pueblos, y así atender las aspiraciones e inquietudes de la sociedad.

Finalmente y después de varias décadas de convenciones y conferencias internacionales y regionales, se puede ver cómo la cultura ha comenzado a redefinirse como aquel elemento que conduce al desarrollo y cohesión social, teniendo un papel relevante ante la diversidad cultural, la integración de las minorías, la igualdad de género y los temas de marginación en las comunidades rurales y urbanas.