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Opinión

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Cómo comunicarnos en tiempos de crisis

Ricardo García Mainou

Crisis en mandarín, está definida por wei-chi

Dice el lugar común de todas las citas sobre crisis, que en chino la palabra significa oportunidad. Esto lo dijo John F. Kennedy y de ahí pasó al vox populi de la charla de autoayuda y, con el advenimiento de las redes sociales, a los memes, tuits y publicaciones de Facebook.

Es tan repetido que se da como verdad absoluta. Implícito que los chinos tienen una gran sabiduría ancestral y saben que todos los momentos difíciles son semillero para un mejor porvenir.

El problema es que crisis no significa “oportunidad” en chino. Crisis en mandarín, está definida por wei-chi. Wei significa peligro y chi, muchas cosas, entre ellas “momento”. Por lo que wei-chi no es “oportunidad para sacar provecho al peligro”, sino “momento de peligro”.

La aclaración se la debo a una interesante entrada que Manuel Delgado escribió en su blog hace algunos años. Haciendo a un lado el dudoso optimismo con que se prefiere barnizar el momento difícil para transitarlo de mejor ánimo, una crisis sigue siendo eso: un momento de peligro.

Es claro que en una coyuntura en que parte del país y de la capital son afectadas por un sismo brutal, mientras otras apenas toman aire, entre un huracán y otro, encaja con la definición de momento crítico.

¿Y cómo reaccionamos los mexicanos en momentos de crisis? De muchas maneras. Algunos ayudan en forma física, económica y moral. Nuestra parte solidaria, a veces dormida en la apatía cotidiana, toma el control.

En otros se despierta la “oportunidad” como una situación a la que sacar provecho: momento ideal para saquear, hacerse pasar por inspector o rescatista y estafar al ingenuo que espera un dictamen.

Los mexicanos sacamos lo mejor en los momentos difíciles, nos enorgullecemos de ello repitiendo que si así fuera todos los días, seríamos el mejor país del mundo. La angustia conecta con el heroísmo y las emociones nos desbordan. Nos volvemos el país de Paw Patrol, donde no hay mayor símbolo del altruismo que esos nobles animales que se cuelan entre ruinas buscando sobrevivientes.

Y también sacamos lo peor: chismes, denuncias, reclamos y el provecho político. Los partidos políticos vestidos de falso altruismo para ser los primeros en generosamente donar el dinero que los mexicanos les dimos, como si fuera el mayor acto de grandeza.

El PRI que lleva dentro un chip de oportunismo orgullosamente hecho en México, anuncia que está dispuesto a que se done el 100% de los recursos destinados a las campañas. Sabedor que tiene disponible la alcancía opaca de los gobiernos estatales para sacar ventaja a sus rivales en la elección del próximo año.

Algunos repiten noticias positivas en redes sociales, mientras otros repiten negativas, sean verdad o no. Se dispersan instructivos para manejar la información de forma responsable. Desde verificar la fuente, confirmar la información, dudar y actualizar los datos cuando éstos no puedan ser verificados o son erróneos.

Y no obstante el esfuerzo, las emociones son más fuertes que la mirada crítica. ¿Quién puede tener una mirada crítica con los ojos llenos de lágrimas?

Se pide ayuda a sitios que no la necesitan, se dispersan acusaciones, rescates ficticios al igual que tragedias ficticias, memes burlones y acusaciones por resentimiento o revancha. El dedo va más rápido a compartir y retuitear que al teclado a buscar confirmación. Es más fácil reenviar “por si las moscas” que asegurarse de que el mensaje es correcto. Especialmente cuando queremos conectar con los demás.

En los momentos de crisis la mirada se pone sobre los sucesos con mayor interés y escrutinio. Sin embargo somos los primeros en ahogarnos en el ruido provocado por la repetición de información, desinformación y emociones. Un ruido que impide la visibilidad, como el polvo que se levanta de un derrumbe.

Hace unos días, alguien puso en Twitter que disculparan el hate, pero que no quería ver fotos de comida o de la gente en sus vacaciones. En una red social donde uno elige qué es lo que ve, demandaba sólo se le informara de aquello que tuviera que ver con su propia visión de túnel emocional.

Una ausencia notable en los manuales para manejar responsablemente la información está en la mirada crítica. Y la mirada crítica no significa buscarle tres pies al perro rescatista y mirar el mundo con ojos escépticos, sino ver cada pieza de comunicación que recibimos y preguntarnos: ¿Quién dice esto? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Hay alguna agenda oculta en esto? ¿A quién ayuda que yo lo comparta?

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