Buscar
Opinión

Lectura 8:00 min

Cómo arreglárselas sin gasolina rusa

main image

Foto: Shutterstock

En 2007, Chile dependía tanto del gas natural importado de Argentina como hoy Alemania del gas natural de Rusia. Pero ante una repentina crisis de suministro, el gobierno chileno logró mitigar el daño económico y sentar las bases para el cambio del país a las energías renovables.

LONDRES/SANTIAGO – A mediados del 2007, mientras servíamos como ministros en el gobierno de Chile, recibimos el tipo de llamada telefónica que ahora temen todos los políticos y empresarios alemanes. Nos dijeron que las importaciones de gas natural de la vecina Argentina, el único proveedor de Chile, se interrumpirían de la noche a la mañana. Al igual que Alemania hoy, Chile dependía abrumadoramente del gas importado para generar electricidad, alimentar plantas industriales y calentar hogares. Por lo tanto, el impacto potencial era devastador, pero gracias a una batería de medidas de emergencia, Chile salió adelante.

El episodio tiene lecciones útiles para Alemania y otros países europeos que pronto podrían dejar de tener recibir gas ruso, ya sea por oponerse a la agresión rusa o porque el Kremlin decida enviar su gas a otra parte.

En la década de los años 2000, Chile consideró el uso de gas natural importado como la primera etapa de una transición hacia una economía verde. Luego de un acuerdo en 1995 con Argentina, las empresas chilenas y las agencias gubernamentales gastaron decenas de miles de millones de dólares para reestructurar la economía, a fin de que funcionara con gas natural en vez de fuentes de energía sucias como el carbón y el diésel. Estas inversiones dieron como resultado la construcción de siete gasoductos a través de los Andes y la infraestructura de distribución de gas en la mayoría de las grandes ciudades. Poco después, surgieron por todo el país centrales eléctricas de ciclo combinado alimentadas con gas.

Todo salió bien hasta que los legisladores motivados políticamente en Argentina permitieron que el precio interno del gas natural fuera inferior a la inflación. Las consecuencias fueron predecibles: las empresas argentinas de petróleo y gas redujeron la inversión y el suministro, y el consumo de las fábricas y los hogares se disparó. Durante un tiempo se dijo que el gas era tan barato que la gente abría las ventanas en lugar de bajar el termostato cuando una habitación se sobrecalentaba.

Pero Argentina pronto se encontró sin suficiente gas para satisfacer las necesidades locales, lo que llevó al gobierno peronista a hacer lo que suelen hacer los gobiernos peronistas: incumplir un acuerdo. Los envíos desde Argentina venían oscilando desde el 2004, año en que comenzaron las dificultades de abastecimiento interno. Pero a mediados del 2007, más del 90% de las entregas acordadas simplemente dejaron de fluir.

Chile se encontró en una tormenta perfecta. Una sequía había dejado vacíos sus embalses, por lo que no podía aprovechar la energía hidráulica, y el petróleo se cotizaba a aproximadamente 140 dólares por barril, por lo que quemar diésel y otros productos derivados del petróleo para alimentar fábricas y calentar hogares era inusualmente costoso. Y este fue también el primer año de la crisis financiera mundial, lo que significó que las exportaciones chilenas a América del Norte y Europa pronto se verían afectadas.

El gobierno chileno entró en modo completo de gestión de crisis. El primer paso obvio fue terminar con la dependencia chilena del gas de Argentina. Aceleramos la construcción de una terminal de gas natural licuado y comenzamos la construcción de una segunda instalación. La capacidad de almacenamiento de GNL no se pudo construir de la noche a la mañana (la primera instalación chilena no se completaría hasta el 2009), pero una vez que se instalaran los vaporizadores, la regasificación podría continuar mientras los barcos brindaban almacenamiento temporal.

También aceleramos la expansión de la energía solar y eólica. Cuando llegó el impacto del gas argentino, lo que se había visto como una oportunidad a ser aprovechada en el futuro de repente se convirtió en un imperativo urgente. El gobierno aprobó la primera ley en América Latina que regula la energía renovable y comenzó a brindar garantías de mitigación de riesgos a nuevos proveedores privados, de modo que los proyectos hidroeléctricos, solares y eólicos más pequeños pudieran entrar en funcionamiento.

Pero, debido a que no todos los nuevos suministros de energía podrían ser ecológicos, el gobierno también presionó, a regañadientes, para que algunas plantas industriales y generadores de electricidad se reconvirtieran a diésel. Esto fue sucio y costoso, pero se consideró aceptable como una medida a corto plazo para cerrar la brecha de suministro mientras se construían nuevas instalaciones hidroeléctricas, solares y eólicas.

Incluso entonces, las nuevas fuentes de suministro no fueron suficientes para mantener el consumo total de energía en los niveles anteriores a la crisis, por lo que el gobierno lanzó una campaña nacional de eficiencia energética. Distribuyó focos de bajo consumo, proporcionó fondos para mejorar el aislamiento de las viviendas, extendió el horario de verano y trabajó con las empresas eléctricas para otorgar subsidios transitorios a las empresas que redujeron el consumo. El uso total de electricidad cayó 10% en el transcurso del 2008.

De manera crucial, el gobierno chileno pudo resistir las presiones políticas para limitar el precio interno de la electricidad y el petróleo. Intentar reducir el consumo manteniendo artificialmente los precios bajos no habría tenido sentido. Para compensar el impacto de los precios más altos de la energía en los presupuestos familiares, proporcionamos a los hogares pobres transferencias de efectivo y subsidios de valor aproximadamente equivalente a sus gastos adicionales de energía. Debido a que el sector público chileno tenía una deuda pública muy baja y reservas masivas de dólares, estos gastos adicionales no implicaron ninguna dislocación macroeconómica o financiera.

Aparte de su mayor poderío económico, Alemania tiene hoy tres ventajas de las que carecía Chile. Puede depender de instalaciones de GNL en países vecinos, como los Países Bajos. Puede recurrir temporalmente a centrales eléctricas de carbón y nucleares que han sido cerradas recientemente o listadas para su cierre. Y puede importar energía si sus vecinos tienen un excedente, porque su red eléctrica está conectada con el resto de Europa.

Puede haber vida sin gas ruso, pero no será gratis. Durante el recorte del gas argentino, estimamos que, incluso con todas las medidas de mitigación exitosas, el crecimiento de la producción chilena cayó significativamente. Alemania podría enfrentar plausiblemente costos similares. Pero bien puede valer la pena pagar este precio si la recompensa es la libertad para Ucrania de la opresión rusa y la libertad para Europa del chantaje energético ruso.

También hay otra recompensa potencial. Las medidas de emergencia de Chile ayudaron a impulsar la generación solar y eólica, convirtiendo al país en un líder mundial en energía limpia, con el 43.5% de su energía en el 2021 generada por energías renovables. Además, las terminales de GNL han tenido un valor duradero, lo que permite a Chile, un país que no produce gas natural, exportar gas a Argentina a través de los mismos gasoductos que alguna vez se usaron para llevar gas argentino a Chile.

Desde la invasión rusa de Ucrania, las compras de gas de la UE han proporcionado al Kremlin 37,000 millones de dólares adicionales para financiar su agresión. El caso para poner fin a estas compras es principalmente moral.

Pero los europeos no necesitan “congelarse por la libertad”, como dijo recientemente el expresidente alemán Joachim Gauck. En cambio, pueden hacer lo correcto y posicionar sus economías para un futuro más verde y resistente. Chile ha demostrado cómo.

Los autores

Andrés Velasco, excandidato presidencial y ministro de Hacienda de Chile, es decano de la Escuela de Políticas Públicas de la London School of Economics and Political Science.

Marcelo Tokman es un ex ministro de Energía de Chile.

© Project Syndicate 1995–2022

www.projectsyndicate.org

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete