Durante años y años, muchos de los habitantes de este planeta habíamos pensado que el asunto de la evolución humana, al menos de Darwin para acá, era cosa sencilla. O sea, decían, no se hagan bolas… el hombre (y la mujer, claro) descienden del mono. De tal suerte que poco a poco y supuestamente a lo largo de millones de años por cambios y mutaciones, nos fuimos convirtiendo de peludos simios (de los que nos diferencia solo el 1% de nuestro común ADN) en cultos sapiens y ya. Tan sencillo y complejo como esto.

Pero, la vida y la ahora tan debilitada ciencia, nos ha ido dando sorpresas y resulta que todo es infinitamente más complicado (como suele suceder) de lo que parece.

Ahí les va. El tema todavía genera controversias, pero gracias a las evidencias fósiles, de la genética, especialmente del estudio del ADN mitocondrial y de la antropología social, entre otras disciplinas, podemos concluir que los homos no tenemos un solo antepasado común, sino muchos. ¡Ay caray!

La investigación genética nos ha mostrado que los homos arcaicos se aparearon periódicamente con los neandertales y hasta con los mismísimos denisovanos. No son especulaciones, existen pruebas que se han publicado entre otras en las revistas científicas más relevantes del mundo, como lo es Nature. 

Desde hace más de un millón de años hasta mucho más recientemente, unos 40 mil años, al parecer estas diversas especies, migraban, existían simultáneamente y como sucede a menudo se gustaban, se “enamoraban” y se apareaban. 

Y como dice el gran paleoantropólogo español, Juan Luis Arzuaga, no somos el producto último y perfeccionado de una línea evolutiva única. Estamos emparentados más con los chimpancés que con los gorilas, pero somos de la misma familia sin duda. Esto es, no descendemos de los monos, para ser exacta junto a ellos somos los sapiens, uno más de los integrantes del grupo de homínidos. Y ya está.

Eso si, los gorilas son gorilas y no van a evolucionar para volverse humanos. Ni al revés (aunque muchos lo están logrando) Eso ya está probado. Y los dichosos homos, nos relacionamos encantados con los neandertales, y con los que se dejaran para reproducirnos. Y de esta orgía entre especies pues nada más nosotros sobrevivimos y los otros (aún no sabemos claramente por qué) se extinguieron hace más de 40 mil años. 

Los que aquí estamos somos un poco de todos ellos, de nuestros antepasados, aunque lo que nos legaron sea una parte muy pequeña de nosotros mismos. 

Somos un reservorio que contíene un poco de los procesos evolutivos que se dieron en todo el planeta gracias al sexo y al amor entre las especies. Me parece maravilloso.

Quizá por todo esto que me parece que es asombroso, es que me molesta tanto el racismo, la discriminación, los nacionalismos y el enfrentamiento promovido entre países habitados todos ellos por eso que somos: humanos.

Como parte de los sapiens me siento muy orgullosa de todo mi ADN y no reniego ni hago distingos entre una y otra parte de mi ser. Estoy segura que por eso, cuando se nos polariza y divide se me pone el colon irritable.

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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