La primer elección del año será la extraordinaria de Colima. Dentro de 18 días, los colimenses, cada día más hartos de su clase política, tendrán que regresar a las urnas para decidir quién los gobernará los próximos años.

Colima tiene varias particularidades, entre ellas ser el estado más pequeño del país, lo que contrasta con la intensidad con la que su clase política se disputa el poder. Pero no es esa condición de estado pequeño lo que define la elección: en Colima, junto con Durango y Campeche, no ha habido transición democrática. Siempre ha ganado el PRI, aunque cada vez, desde hace 18 años, las elecciones son más cerradas.

Ésta es la segunda ocasión en que la elección a gobernador es anulada debido a la intervención del gobierno del estado. En la primera anularon la elección que el candidato del PRI, Gustavo Vázquez Montes, había ganado por un margen muy pequeño,en el 2003. En la elección extraordinaria la oposición se juntó para hacerle montón, pero Vázquez Montes ganó otra vez, ahora con un mayor margen.

Pero quizá lo que más defina a Colima en los últimos años es la descomposición de la clase política y la violencia. Hace 15 años Colima presumía de ser, junto con Yucatán, uno de los estados más seguros del país.

Hoy eso no sólo ha quedado en el pasado, sino que la violencia está directamente vinculada con la política. El asesinato del ex gobernador Silverio Cavazos en el 2010 y el intento de asesinato del otro ex gobernador, Fernando Moreno Peña, hace unos meses, son parte de una descomposición generalizada de la seguridad pública.

En el centro de todo esto está la lucha por el control del puerto de Manzanillo. Lo que ha convertido a este pequeño estado en una batalla campal y desorbitada, tanto en lo político como en lo criminal (con la ilusión de que aún podemos mencionarlos como cosas distintas), es la importancia que tiene el puerto para las actividades económicas legales e ilegales. Hacía mucho que no veíamos una campaña de tan bajo nivel discursivo y tan llena de injurias. Las autoridades electorales, ya en el más absoluto de los descréditos, han sido incapaces de darle certeza al proceso y pareciera que lo único seguro es que, sea quien sea el candidato que gane, carecerá de fuerza y legitimidad para gobernar.

La crisis ya no es sólo un asunto de los colimenses, Colima está a punto de convertirse en un pequeño gran problema nacional.