Los antiguos gobernantes romanos aplicaban literalmente el conocido refrán “al pueblo, pan y circo”: dádivas para tener contento al pueblo y circo para distraerlo y divertirlo morbosamente con sanguinarias luchas en el Coliseo. La leyenda cuenta el poder que tenía Nerón para dispensar vidas, o bien condenar a muerte a un gladiador con el simple movimiento de su pulgar. Instrumentos de manipulación política, cuyo espíritu siguen empleando los gobernantes en México mediante apoyos clientelares para asegurar votos (pan) y distractores (circo) para desviar críticas y evitar que la población exija soluciones a los verdaderos problemas que el gobierno no puede resolver: la crisis del Covid-19, la profunda recesión económica y la creciente inseguridad y penetración del narco.

López Obrador ha comprobado que es un hábil generador de distractores. El principal instrumento que tiene para ello son las mañaneras. Como los problemas de la pandemia, de la depresión económica y de la inseguridad están aumentando sin freno, recientemente echó mano de tres distracciones: César Duarte, Tomás Zerón y Emilio Lozoya.

Este último caso se ve complicado. Lozoya llegó a México tras haber negociado un criterio de oportunidad que lo hace un testigo colaborador para nuevas investigaciones; es decir, revelar una red de corrupción vinculada con la aprobación de la reforma energética de Peña Nieto. Para ello, Lozoya ofreció videos incriminadores y ha dicho textualmente que Peña y Videgaray eran parte de esa red de corrupción. La figura del criterio de oportunidad permitiría cancelar las dos acusaciones penales en su contra (Odebrecht y Agronitrogenados) siempre y cuando las nuevas carpetas de investigación sean de información esencial para perseguir un delito de mayor gravedad que los dos que se le imputan. Esta determinación es delicada, pues el criterio para dictaminar lo anterior tendría una buena dosis de interpretación.

No obstante, es de esperar que Lozoya tenga muy bien armadas las argumentaciones y pruebas, pues de ello dependió la decisión para extraditarse a México y su perspectiva de un perdón absoluto. Contrató como defensor a Miguel Ontiveros, un experimentado exsubprocurador. Se dice que Lozoya padre negoció directamente con el fiscal Gertz. La negociación podría haber incluido que fuera llevado directamente del hangar al hospital y no al reclusorio.

Para López Obrador el caso puede ser políticamente ventajoso para enarbolar su bandera contra la corrupción con resultados tangibles y redituarle electoralmente a Morena para el 2021. Pero el caso Lozoya no deja de ser un distractor, un colosal circo con amplia cobertura mediática. Pero, a diferencia de los antiguos romanos, es un circo sin pan, pues la recesión económica sigue creando desempleados y cerrando empresas y negocios sin que el gobierno haya decidido dar apoyos para compensar parcialmente a la población más afectada. López Obrador podrá regodearse de que desenmascaró a la corrupción del “periodo neoliberal”, pero eso no lo exime de que su gobierno se perfila a ser la peor fábrica de pobres.

federico@rubli.net

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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