Washington no esperaba la presencia militar en Caracas; horas de desasosiego

Venezuela se encuentra en un proceso de confusión diplomática similar a la de Yemen: dos presidentes, un terreno de batalla tomado por dos bloques ideológicos y una crisis económica laberíntica sin puerta de salida a la vista.

Washington, después de la asunción de Juan Guaidó como presidente en el seno de la Asamblea Nacional, prácticamente ha mantenido un discurso monotemático: “Todas las posibilidades están sobre la mesa”.

La apuesta de una intervención militar corre a cargo de John Bolton y Marco Rubio; el escenario de unas elecciones adelantadas lo apoyan los demócratas, y el de la duda permanente, Donald Trump.

La semana pasada surgió un nuevo escenario. El de la intervención militar con fines humanitarios. Mike Pompeo, el promotor. En él se ha extendido una preocupación que hasta hace dos meses no se encontraba sobre la mesa de su despacho de la Secretaría de Estado: China y Rusia le han transferido la suficiente confianza y certidumbre al régimen de Nicolás Maduro como para eclipsar la ruptura de relaciones de facto por parte de 50 países.

Mike Pompeo se encuentra sorprendido de que la fecha de caducidad de la dictadura venezolana estimada desde Florida no llega. Carlos Vecchio (embajador de Guaidó reconocido por la Casa Blanca) y Marco Rubio pensaron que Maduro caería en abril. El mes no termina pero le quedan pocos días. Ahora, Pompeo se sorprende de que China y Rusia han levantado el ánimo a Maduro.

El problema es regional, y hay algo más: Pompeo no se sorprende de que Trump se ha dedicado dos años en cultivar enemistad en América Latina. Como apunta Cynthia Arnson del programa latinoamericano del Wilson Center, la relación de Trump con la región la ha reducido durante su gobierno a temas de migración y seguridad (“Trump soured relations in Latin America. China and Russia have welcomed the chaos”, The Washington Post, 20 de abril; el texto lo podrás leer el próximo viernes en el suplemento en español del diario estadounidense en El Economista).

Donald Trump ha utilizado “una retórica áspera (con los países de la región) y no ofrece mucho a cambio”, señala Arnson. La reacción de los países ha sido: “Nos trata como enemigos”.

La lista de latigazos de Trump en la zona crece semanalmente: anunció el retiro de ayuda económica a El Salvador, Guatemala y Honduras por no evitar la formación de las caravanas; amenaza con sancionar a El Salvador por romper con Taiwán para acercarse a China; aplica arancel al acero brasileño; intenta desmantelar la política de acercamiento con Cuba de Barack Obama; y qué decir de México, con la construcción del muro y la declaración de emergencia fronteriza.

En Lima, Pompeo leyó unas declaraciones insólitas. Lo hizo el 12 de abril: “En este continente, Estados unidos se presenta como nunca antes: recordando a nuestros amigos lo mucho que tenemos en común, lo mucho que se alinean nuestros intereses y lo mucho que los queremos” (AFP, 12 de abril).

La presencia militar de China y Rusia en Caracas paró en seco la ruta crítica de Washington. Con una oposición anémica, Maduro no ha necesitado encarcelar a Guaidó. Escena necesaria para que Washington mueva ficha.

FaustoPretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.