Contener y revertir la degradación ambiental y climática implica movilizar cifras gigantescas de inversión en nuevas tecnologías, mercados, infraestructura, y empresas emergentes. Sin el ímpetu y creatividad explosiva del capitalismo el planeta estaría condenado. Muchos culpan al capitalismo y a la economía de mercado por el deterioro ambiental y exigen su abolición (no es claro con qué lo quieren sustituir), sabiendo que los perores desastres ambientales ocurrieron bajo la hoz y el martillo, o bien, en sociedades y civilizaciones pre-modernas. Pero el capitalismo no sólo es consustancial a la libertad y a la democracia, es igualmente un potentísimo motor que se orienta de acuerdo a los fines y preferencias de cada sociedad, y a las coordenadas y códigos establecidos por los gobiernos. El capitalismo ha traído niveles antes insospechados de prosperidad, y ha reducido la pobreza de una manera espectacular. Ahora es preciso reorientar al capital hacia una nueva revolución industrial para salvar al planeta. Todo ello va determinando nuevos contextos, necesidades, demandas y oportunidades, que son anticipadas, satisfechas y aprovechadas por inversionistas, empresarios, científicos e ingenieros visionarios, y que van dando cuerpo y ritmo a un – verdaderamente – nuevo proceso civilizatorio.

Además de haberse creado un poderoso ecosistema de mercados y empresas globales de energía limpia y electrificación (comentado la semana anterior en esta columna), el capital de riesgo – Venture Capital – apuesta fuerte en empresas y tecnologías emergentes. En el pasado reciente tomó como modelo la inversión en empresas de software para desarrollar paneles solares y turbinas eólicas, ahora convertidos prácticamente en commodities, pero que requirieron de plazos relativamente muy largos para generar utilidades. Gracias a esto, el costo de los paneles solares se ha abatido drásticamente en casi 90% en los últimos diez años. En 2014, Elon Musk adquirió el 14% de una entonces pequeña empresa de vehículos eléctricos (Tesla) por poco más de 6 millones de dólares; hoy en día es la empresa automotriz más valiosa del mundo, con un valor de capitalización de mercado de más de 385,000 millones de dólares. En 2019, inversionistas aplicaron 36,000 millones de dólares a diversas tecnologías contra el calentamiento global, más del doble de lo registrado en 2015, la mitad en empresas emergentes norteamericanas (Startups), el 30% en empresas emergentes de China, y el resto en Europa y otras regiones. La innovación y menores precios desplazarán tecnologías convencionales altamente contaminantes o ambientalmente impactantes aún en ausencia de regulaciones gubernamentales. Desde luego, la innovación tecnológica en energía limpia tiene un sólido respaldo en la inversión en investigación y desarrollo que hacen los gobiernos de la mano de empresas privadas, y que en 2019 ascendió a 25,400 millones de dólares. Todo esto, en México, el presidente López, no lo entiende.

El capital de riesgo fluye cada vez con más fuerza.  Breakthrough Energy Ventures de Bill Gates y otros magnates, ENI Next (fondo de inversión del gigante petrolero italiano ENI), y un fondo de inversión del MIT han puesto en marcha y respaldan proyectos (Form Energy) que desarrollan nuevas baterías (distintas a las baterías de iones de litio) para grandes sistemas de almacenamiento de energía capaces de resolver los problemas de intermitencia inherentes a las plantas solares y eólicas. El propio Bill Gates y Google han impulsado empresas como Impossible Foods y Beyond Meat que producen alimentos con alto valor proteínico de origen vegetal sustitutos de la carne, que prometen mitigar el brutal impacto de la ganadería sobre ecosistemas, territorio, agua, suelo y clima.

Mientras tanto, Bill Gates también invierte en reactores nucleares avanzados, al tiempo que grandes empresas petroleras, así como empresas eléctricas (utilities) han creado fondos de inversión en energía limpia. Amazon incursiona en empresas de camiones eléctricos, reciclaje de baterías, y otras tecnologías, al igual que Microsoft, Unilever e Ikea.

Es de resaltarse que, en un marco más general, el Índice de Energía Limpia de Standard & Poor´s, rebasó durante al último año al índice S&P 500, lo que muestra con claridad el apetito de los inversionistas por acciones de empresas verdes o sostenibles.

Es así como el capitalismo se enrolla las mangas de la camisa y se pone a trabajar por el planeta.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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