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Opinión

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Buenos, bonitos y baratos… no se puede

En serio. A veces odio viajar en transporte público. Sobre todo en microbús y a veces, la mayor parte del tiempo, en Metro. Lo que odio –no monopolizaré la palabra- no es el hecho de desplazarme, sino de pagar por un mal servicio.

Odio que mi cabeza vaya rebotando de un lado a otro porque el operador no se decide entre acelerar y frenar. Me molesta además viajar en una unidad sucia, soportando el mal gusto musical de los choferes, que no conocen otra cosa que el reguetón y para colmo a volumen alto. Me molesta sentarme en asientos tan estrechos que los pasajeros van casi uno encima del otro. Me molesta ver al operador sucio, desalineado, y que como único acto de cortesía no me cobrará de más, con el pretexto de que no tiene cambio.

¡Cómprate un coche! Me dirán. Lo tengo, pero no circula diario y, aunque así fuera, soy de las que creen que la mayor contaminación y los problemas de tráfico los generan los vehículos particulares principalmente. O sea, soy de las convencidas del potencial del transporte masivo de pasajeros, algo que al menos en el estado de México estamos lejos de ver, a excepción del Suburbano, claro.

A qué viene todo esto. En estos días de febrero loco, los mexiquenses nos despertamos con la noticia de que nos subieron peso y medio el pasaje mínimo del transporte público. Aquellos que viajamos distancias menores a cinco kilómetros pagaremos 7.00 pesos y se incrementa 16 centavos por cada kilómetro adicional.

Aunque el aumento era de imaginarse, luego del alza mensual a las gasolinas, antes con cada incremento por lo menos nos vacilaban con la promesa de que mejoraría el parque vehicular, modernizarían las unidades y los choferes andarían bien vestiditos –con camisa y corbata cuando menos- y nos darían los buenos días, buenas tardes, buenas noches, al subir a la unidad.

Hoy, el alza de un peso con cincuenta centavos no alcanza ni para eso. Es más hasta resultó insuficiente para los transportistas, quienes muy al estilo de Marcelo Ebrard, para justificar el asalto a la economía familiar, afirmaron que, según estudios del IPN, el aumento debió ser a 10 pesos y no a siete, como finalmente quedó.

"Buenos, bonitos y baratos, no se puede", fueron las palabras del presidente vitalicio de la Alianza de Autotransportistas Autónomos de la República Mexicana (AAA), Juan Sánchez Peláez, refiriéndose a las unidades. Cómo se ve que no viaja en ellas.

Sólo para clavados

Y ya entrados en bilis.. ¿Sabías que Isidoro Rodríguez y Rubén Figueroa fueron dos poderosos líderes del autotransporte de pasajeros, cuyo dominio se extendió desde principios de los 60’s y culminó en 1982 con el retiro de las concesiones privadas por parte del gobierno?

De hecho, el vínculo de los Isidoro Rodríguez con el autotransporte inicia desde principios del siglo XX cuando el ibérico Isidoro Rodríguez González llegó a México y con esfuerzo se hizo de tres líneas de autobuses urbanos, que heredaría a su hijo Isidoro Rodríguez Ruiz, el ilustre líder de la Cámara Nacional de Transportes y Comunicaciones.

Éste se asoció con Rubén Figueroa Figueroa, entonces líder de la Alianza de Camioneros de la República Mexicana y gobernador de Guerrero. Isidoro prosperó en los negocios, los cuales dejó en manos de su hijo, Ángel Isidoro Rodríguez Sáez, apodado El Divino y quien incursionó como banquero al adquirir Banpaís. Tras una mala administración, El Divino terminó huyendo de las autoridades.

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