Me pregunto por qué al cuestionar a estudiantes de educación media superior sobre a qué les gustaría dedicarse me doy cuenta de que lo último en su radar es algo relacionado a la ciencia. En México, la palabra científico tiene menos peso que en la mayoría de los países desarrollados y no es que no tenga un significado importante sino que existe un rezago de décadas de oportunidades para el desarrollo científico que, de alguna manera, se ha infiltrado en la psique de nuestras nuevas generaciones. En palabras simples, no somos percibidos como un país que inventa, es decir, no tenemos un desarrollo de propiedad intelectual científico.

En la actualidad y en la historia mexicana, hay muy pocos destacados científicos y ser científico se asemeja más a una profesión de mentes brillantes y escasas, como el ser astronauta probablemente uno en 1 millón, que a una profesión al alcance de todos. Por ejemplo, en países como Francia tienes a 42 científicos por cada 10,000 habitantes, en Estados Unidos tienes a 70, y en México no llegamos ni a uno por cada 10,000 habitantes. Una realidad que gradualmente debemos ir considerando para poder tomar conciencia en el mediano y corto plazos.

Recientemente leí en un artículo del Tec de Monterrey de que en un estudio titulado “Transformar a México con innovación”, se mencionó que 1.2 millones de mexicanos altamente calificados o con formación de posgrado se han ido del país entre 1990 y el 2015. Esto en la gran mayoría de los casos es debido a la poca disponibilidad de espacios de desarrollo profesional en el ámbito científico para gente altamente calificada. Por lo que este fenómeno genera un efecto multiplicador para el país; por un lado, la gente talentosa está destinada a desarrollarse y a crear propiedad intelectual para otros países o compañías extranjeras, y posteriormente, el impacto grande viene para un país que todo consume pero desarrolla poco. Existe una correlación inevitable entre la riqueza de un país y los inventos que de este se generan, por ejemplo, Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña, Francia, etcétera. Por lo que fomentar la creatividad científica desde una temprana edad suena como una tarea preponderante para el desarrollo científico del país. Normalmente el desarrollo científico en un país va de la mano de los recursos que el gobierno destine para este fin y de las capacidades que las instituciones educativas públicas generen. En nuestro país, poco de esto sucede y, con vistas hacia un mejor futuro, esto tendría que ser diferente.

Biohacking puede sonar como una palabra complicada, que seguramente nos remite a un espacio negativo de manipulación biológica. Sin embargo, biohacking o mejor conocido como Biología DIY o casera es una gran solución para desarrollar el potencial científico de México. Es un movimiento social biotecnológico que está creciendo, en donde personas, comunidades y organizaciones pequeñas estudian biología y ciencia usando los mismos métodos que usan las instituciones de investigación tradicional. Primordialmente es ejercida por individuos, ya sea académicos o profesionales con entrenamiento extensivo en investigación que enseñan y supervisan a otros biólogos DIY con poco o nada de entrenamiento formal. Puede únicamente ser un hobby, una travesía sin fines de lucro para estimular el conocimiento en una comunidad e innovación de ciencia abierta, o bien, un negocio. Este movimiento posibilita a la ciencia de forma masiva y la vuelve parte de la comunidad. Busca refutar la ideología de que sólo grandes mentes con doctorados e infraestructura sean las únicas que pueden innovar o aportar en esta rama, alfabetizando a la masas en materia científica. Esta nueva manera de hacer ciencia podría repercutir en correlación positiva en la calidad de vida de los seres humanos y cambiar nuestra forma de vivir y relacionarnos con el mundo.

El movimiento permite que un número significativo de pequeñas organizaciones e individuos participe en investigación y desarrollo, teniendo como objetivo la expansión del conocimiento científico. Los científicos optan por estudiar bajo esta infraestructura casera por distintos incentivos, como menores costos, entretenimiento, medicina, biohacking, extensión de vida y educación.

Si en México lográramos a través de centros comunitarios de biohacking y biología DIY masificar la práctica científica, nuestros niños y jóvenes tendrían una opción más extracurricular como cualquier actividad deportiva o cultural. De esta forma, en el mediano plazo se fomenta y se crea aspiración para que cada vez más jóvenes quieran ser parte de la comunidad científica y aporten al desarrollo del país para evitar la fuga de talentos.

Un ejemplo de la solución que planteo es un esfuerzo desarrollado en Brooklyn, Nueva York, denominado Genspace. Genspace es un esfuerzo de la Iniciativa Privada que nació en el 2009 y ha sido un espacio de laboratorio para investigadores independientes, científicos, artistas, diseñadores, empresarios, maestros y estudiantes. Surge de la inmensa necesidad de crear un espacio abierto para fomentar la creatividad y la innovación científica alrededor de la biotecnología. En la actualidad Genspace es un laboratorio abierto para el sistema de educación superior de la ciudad de Brooklyn que no sólo complementa la formación curricular de los alumnos sino que funge como una fuente de aspiración y promoción científica para los ciudadanos americanos.

Si bien este es simplemente un ejemplo puntual de un pequeño desarrollo comunitario, esta innovación podría replicarse en nuestro país con la ayuda de la Iniciativa Privada, del gobierno y de las instituciones educativas. Nuevamente me pregunto ¿qué estamos esperando en México?

@LopezCasarinJ