La primera vez que estuvo en México Juan Pablo II fue del 26 de enero al 1 de febrero de 1979. Gobernaba el país José López Portillo, nos preparábamos para administrar la abundancia que nunca llegó porque nos saquearon, pero nos volvieron a saquear y a saquear y a saquear.

Ésa fue la primera ocasión que visitara nuestro laico país un Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Recuerdo que días después de la santa visita, el 13 de febrero, recibimos a James Carter, Presidente de Estados Unidos. Por este motivo, el ingenio popular puso a circular un chiste: ¿Para qué vino el Papa a México? Para que Carter nos coja confesados.

Treinta y tres años después de la primera recepción a un Pontífice, mañana arribará a la República Mexicana Benedicto XVI. Es mucho lo que han cambiado el país y la Iglesia Católica durante este tiempo. En 1979 México no tenía relaciones diplomáticas con el Estado Vaticano. Éstas fueron establecidas el 21 de septiembre de 1992 durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Para entonces Juan Pablo II ya había venido a México por segunda ocasión en mayo de 1990.

Durante sus 26 años de pontificado, el denominado Papa viajero visitó cinco veces nuestro país. Asimismo, hizo 104 viajes fuera de Italia, por 129 países, y 146 recorridos por diversas regiones italianas. Cuando el mundo se percató de la inclinación de Juan Pablo II por viajar surgió un chiste en forma de pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre Dios y el Papa? La diferencia es que Dios está en todas partes y el Papa ya estuvo.

Poquita fe

En el México de 1979, el de la primera visita de Juan Pablo II, 92% de la población se declaraba católico. En el México de hoy, el de la primera visita de Benedicto XVI, sólo 83.9% de la sociedad se manifiesta creyente del catolicismo. Contrasta con el porcentaje nacional a la baja, 94% de católicos registrados en el estado de Guanajuato, sede de la visita pontificia, según el censo nacional del 2010.

Otro cambio notable en la Iglesia Católica es el declive en el número de sacerdotes. En 1978, año de la ascensión de Juan Pablo II al papado, había un sacerdote por cada 1,800 fieles. En el 2005, año del nombramiento de Benedicto XVI como Sumo Pontífice, sólo existía un sacerdote para cada 2,700 devotos.

La crisis de fe que vive la Iglesia Católica es inocultable. Tal razonamiento deduzco del texto de Natalia Gómez Quintero publicado en el periódico El Universal de ayer. Es en medio de esta crisis de evangelización -escribió la reportera-, pero también a la vivida en el interior de la Iglesia por los casos de pederastia, que Joseph Ratzinger pisará suelo mexicano. A decir de los especialistas, ambas turbulencias han puesto en el banco de los acusados a la Iglesia Católica para cuestionarle sus formas de proceder y contradicciones .

La precitada periodista nos hace saber que en opinión de Elio Masferrer Kan, antropólogo de las religiones, la Iglesia no ha logrado una estrategia inteligente para evitar que sus fieles huyan a las filas de otras religiones o dejen simplemente de creer .

En apoyo de la tesis del señor Masferrer les cuento una anécdota sucedida a mi compadre, el finado Javier Lara El Ronco. Fue a un templo católico con el fin de confirmar a uno de sus hijos. El sacerdote que lo atendió le dijo que el sacramento de la confirmación requiere una preparación de dos años de catequesis, después de la cual, el interesado sería sometido a una evaluación por el párroco y los catequistas. Asimismo tendría que entrevistarse con el ministro confirmante para expresar sus motivaciones para recibir el sacramento. A su vez, tendría que redactar una carta dirigida al Obispo en la cual reafirmaría el compromiso adquirido con el sacramento. Mi compadre, que era frontal, directo y bastante cabrón, le dijo al curita: Póngasela más fácil o lo cambio de religión .

En el reportaje que estoy comentando también viene la opinión de Manuel Corral, secretario ejecutivo de la Confederación del Episcopado Mexicano (CEM), organismo que agrupa a todos los obispos del país, quien reconoce que la Iglesia Católica no se ha puesto las pilas, para utilizar un lenguaje más emotivo y menos rígido, a fin de cautivar a los fieles . Luego agregó: En el ámbito litúrgico no hemos sabido utilizar las expresiones de los sentimientos . No obstante este acto de contrición -apostilla la autora del artículo-, asegura (Corral) que los fieles desertan del catolicismo por el desconocimiento profundo de la práctica religiosa.

Aquí, con todo respeto, voy a expresar una idea que tengo desde que estuve siete años en un colegio religioso. ¿Por qué los ministros de la Iglesia se empeñan en hacer aburrida la religión? Con honrosas excepciones que no conozco, los curas predican de manera fastidiosa, obligatoria y sin gusto. No hay cosa más soporífera y falsa que la homilía a la que son sometidos los contrayentes e invitados a una boda. Leticia y Alfonso, Alfonso y Leticia, desde hoy ustedes dos serán una unidad total como dice la Escritura. El matrimonio es una sabia institución del Creador para realizar su designio de amor a la humanidad . Por ahí van las palabras del sacerdote durante la exégesis nupcial. Y uno se pregunta: ¿qué sabe del matrimonio el padrecito si él es célibe? Es como escuchar una disertación sobre la teoría del equilibrio en la voz de alguien que no sabe andar en bicicleta.

Pero sin duda el escándalo sobre la pedofilia de algunos de sus ministros es el que ha causado una gran crisis de confianza y credibilidad en la Iglesia Católica y en su jerarquía. Al respecto, monseñor Abelardo Alvarado Alcántara, obispo auxiliar emérito de la Arquidiócesis de México, escribió: El escándalo sobrevino cuando los casos de pederastia entre el clero salieron a la luz pública. El fuerte impacto que estas noticias tuvieron en la opinión pública se debió a que se trata de personas consagradas, cuya vida está dedicada a acercar a los hombres a Dios y trasmitirles el mensaje de Jesucristo y los valores del Evangelio. Esto dio lugar a una fuerte reacción en contra de la Iglesia, tachándola de hipocresía por predicar una cosa y practicar lo contrario. A la gravedad de los delitos en sí mismos se insistió en la impunidad de los culpables .

El mensajero de Dios

Con este título están anunciando la visita de Benedicto XVI sin que nadie precise qué clase de mensaje trae y, mucho menos, la forma como el emisor de éste se lo hizo saber al emisario.

Se ha especulado si la visita del Sumo Pontífice obedece a motivos meramente religiosos o si con éstos están mezclados móviles políticos y electorales. Don Rubén Aguilar escribió ayer aquí en El Economista: Las razones de la visita del Pontífice a México son religiosas y también políticas, pero no electorales .

Según el razonamiento de Bernardo Barranco, periodista especialista en el tema, el Papa viene justo en medio del proceso electoral; no es un accidente y menos una inocente coincidencia. (...) ¿Existe el voto católico, y qué tanto peso tiene la jerarquía para incidir en la intención del voto? En todo caso, esperamos que la clase política tan animosa con la visita del Papa tome nota de las referencias entre ética y poder, valores y el quehacer político que seguramente Benedicto XVI abordará .

Al que escribe esta nota que agoniza le queda claro que cualquiera que sea la prédica del Obispo de Roma durante su visita a México tendrá un ineludible trasfondo político, porque, como dice el citado Bernardo Barranco, todo discurso religioso, por piadoso y espiritual que parezca, conlleva un modelo social y un proyecto histórico . Pero dentro de este inevitable contexto, pienso que sería muy sano para paliar la indudable crisis por la que atraviesa la institución dos veces milenaria liderada por Benedicto XVI, que el mensaje de éste fuera una manifestación de paz y tolerancia; una expresión de conmiseración para un pueblo herido por la violencia, de solidaridad para las víctimas de la inseguridad; un gesto de desagravio para los damnificados por la pederastia, una petición de perdón, una aceptación de culpa. ¿Será posible?