Finalmente, la Junta de Gobierno del Banco de México está completa. Con un retraso de 115 días, el Senado­ de la República ratificó el nombramiento presidencial de Manuel Ramos Francia para ocupar la silla que dejó vacante Guillermo Güémez.

El nuevo Subgobernador del banco central mexicano ocupará ese lugar hasta el último día del 2018. Sin embargo, la institución no le es ajena. Hasta ahora se había desempeñado como Jefe de Economistas del propio banco.

Tampoco es nuevo entre los altos mandos del instituto emisor, porque Ramos Francia pasó por Hacienda a la par que Agustín Carstens. Incluso están cortados con la misma tijera del ITAM.

No hay duda de que tiene los conocimientos y la preparación suficientes para sentarse con los otros cuatro a la mesa de las decisiones monetarias más importantes del país.

Pero la verdadera interrogante es si el banco central se está reforzando con halcones enemigos de la inflación o con dóciles palomas que toleran un poco de precios elevados a cambio de un proceso de crecimiento económico más acelerado.

Por eso, como diría el siempre socorrido José José, ¿será que el Banco de México tiene tendencia de gavilán o paloma?

México ha gozado de más de una década de una estabilidad inflacionaria creciente. La realidad es que no ha habido episodios inflacionarios importantes, desde que se tuvieron que corregir los efectos de la crisis Salinas-Zedillo de mediados de los 90.

Vamos, desde 1995 que la inflación fue de 52% hasta la fecha, todo ha sido una baja constante, con ligeros episodios de presiones moderadas. Tanto que hoy la inflación anualizada está justo en la tan repetida meta de 3% más, menos un punto porcentual. Pero el panorama luce otra cara en el futuro.

No es posible olvidar que los incrementos en los precios de los commodities del 2007 y el 2008 sólo se vieron interrumpidos por la gran recesión mundial del 2008 al 2010.

Pero tan pronto como llegaron los primeros símbolos de la recuperación, los precios se volvieron a disparar. Sobre todo en los alimentos.

Y con los energéticos, que son el verdadero detonante de una crisis inflacionaria futura, hay que ver que en lo que va del año, con la razón o el pretexto de la inestabilidad de África del Norte y de otros países árabes, los precios del petróleo se han mantenido terriblemente elevados por mucho tiempo.

Pensemos para cerrar la pinza en Estados Unidos y los terribles efectos de que la gasolina esté arriba de los 4 dólares por galón en muchos estados. Y más que consultar las palabras de Ben Bernanke, presidente de la Fed, quien se ha mostrado angustiado por el tema inflacionario, escuchemos otras palabras: las de Bill Simon, nada menos que el CEO de Walmart, quien simplemente dijo hace 15 días que la inflación en su país será un asunto serio.

México está en el cabús de la suerte estadounidense, por eso hay que escuchar este tipo de advertencias.

Por eso, si el Banco de México se convierte en un nido de halcones o gavilanes vigilantes de la inflación, intolerantes con las presiones que se puedan destapar repentinamente, inflexibles con la aplicación de sus herramientas, estaremos a salvo.

Pero si los cinco a la mesa convierten al banco central en una casita de palomas, tolerantes con la inflación a cambio de una sostenida recuperación económica. Blandos con las presiones de los precios a cambio de no estropear un pavimentado camino político de crecimiento, por si se ofreciera electoralmente, entonces podríamos tener un peligro a la vista.

México es un país terriblemente influido y distorsionado por sus procesos electorales y una política monetaria laxa podría ser, simplemente en teoría, una herramienta útil para una campaña presidencial.

La inflación en México es como el déficit fiscal, no es lo que parece. Con gruesas capas de maquillaje presupuestal, los precios se mantienen con varias riendas de control, como los subsidios a la gasolina.

Pero la gasolina es fuego, se extiende rápido y no se apaga con facilidad.

Hay que leer con mucho detenimiento las minutas de la Junta de Gobierno del Banco de México para poder detectar si entre esta camada de banqueros centrales dominan los halcones o las palomas.

Ojalá que los respetables banqueros centrales mexicanos tomen las decisiones correctas y a tiempo, no sea que a alguno le quede aquello que decía El Príncipe: Pobre tonto, ingenuo charlatán. Que fue paloma por querer ser gavilán .