Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

Bancarrota y resurrección de Maxcom

La empresa cerró ayer un acuerdo, que la valúa en ?700 millones de pesos, menos de una tercera parte ?de lo que valía hace tres años.

En el 2010, Maxcom valía 190 millones de dólares y era el objeto de deseo de varias empresas; entre ellas, Telefónica, Vivendi, Megacable y Axtel. Ayer, cerró un acuerdo de venta con el fondo de inversión Venture. El contrato valúa a Maxcom en 700 millones de pesos, menos de una tercera parte de lo que valía hace tres años.

Los compradores son un grupo de inversionistas encabezados por un par de financieros experimentados, Javier Molinar Horcasitas y Enrique Castillo Sánchez-Mejorada. Eran los capitanes del banco Ixe hasta antes de la venta a Banorte. Ahora, están a punto de entrar al sector de telecomunicaciones. Sólo falta la aprobación de los acreedores estadounidenses al acuerdo.

La historia de Maxcom es interesante porque permite asomarse a la industria de las telecomunicaciones a través del cristal de uno de los jugadores más pequeños. Esta industria, que factura más de 45,000 millones de dólares al año, no sólo está formada por gigantes que se enfrentan en luchas de titanes, como Telmex, Televisa, Grupo Salinas o Telefónica. En el ecosistema de las telcos, también hay pequeños, aunque el boleto de entrada valga cientos de millones de pesos. Se puede hablar de ellos como pequeños por su participación de mercado y también por su escasa capacidad de influir en dicho mercado.

Maxcom ha sido una empresa innovadora, aunque esto haya pasado desapercibido para muchos, porque sólo tiene 278,000 clientes en residencial y 3,178 en el sector comercial.

Esta empresa, cuyos socios mayoritarios son las familias Vázquez Arroyo y Aguirre, además del Bank of America, fue el primer operador en recibir la concesión para ofrecer competencia en telefonía local y larga distancia. Eso fue en 1997, cuando la empresa se llamaba Amaritel. Fue también la primera en ofrecer el cuádruple play.

Del 2000 a la fecha, ha tenido un crecimiento anual promedio de 11.3%, esta tasa resultaría muy interesante en un sector maduro, pero en telcos sabe a poco. La mejor prueba es que resultó insuficiente para garantizar la rentabilidad. En el 2011, perdió 536 millones de pesos. En el 2012, redujo sus pérdidas pero siguió en números rojos con 136 millones.

La venta de Maxcom se produce en un momento en el que el riesgo de bancarrota era inminente. Más allá de las pérdidas, destaca el alto grado de apalancamiento, pues tiene una deuda de 2,800 millones de pesos. En su reporte a la BMV, correspondiente al cierre del 2012, la información a propósito de riesgos abarca más de 10 páginas. Destacan las siguientes consideraciones: la compañía no puede garantizar que alcanzará la rentabilidad , se consigna en la página 17. La pérdida de personal clave podría afectar nuestro negocio , cita en la página 18. El apalancamiento de Maxcom podría tener un efecto adverso significativo sobre su capacidad para cumplir con los requerimientos derivados de sus bonos existentes , se lee en la página 21.

Javier Molinar y Enrique Castillo se sacaron la rifa del tigre al comprar Maxcom. ¿Se quedarán mucho tiempo en telecomunicaciones estos banqueros? La pregunta tiene sentido. Lo único claro es que compraron a precio de remate una empresa que era considerada una pequeña joya hace apenas 36 meses. Lo bueno es que están en un sector con brillantes perspectivas.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete