La industria atunera mexicana representa una de las actividades más desarrolladas dentro del sector de la pesca: por el valor de la producción, ocupa el segundo lugar después de la industria del camarón, con 1,146.7 millones de pesos en el 2010.

El fallo de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en favor de México por la disputa respecto de la barrera no arancelaria impuesta por Estados Unidos, a través de la certificación Dolphin Safe, a las importaciones de atún mexicano, más que un beneficio económico, es el reconocimiento a los métodos sostenibles de pesca que utiliza la flota atunera mexicana.

La situación actual de esta industria es muy diferente a la de la década de los noventa, cuando el país del norte impuso los embargos a México y obligaron a los industriales a promover fuertemente el mercado interno, incluso, podemos decir que somos deficitarios, pues con la información disponible sabemos que en el 2010 se exportaron 29,870 toneladas y se importaron 42,014 toneladas; mientras que en el 2011 se exportaron 32,987 toneladas y se importaron 38,830 toneladas.

La configuración de los mercados ha cambiado. En el 2011, 60% de las exportaciones tuvieron como destino a España y sólo 12% a Estados Unidos.

La balanza comercial en términos de valor es favorable ya que en el 2011 las exportaciones fueron de 153 millones de dólares y las importaciones de 71.5 millones de dólares.

La pesca o captura de túnidos en México se realiza prácticamente en el litoral del pacífico, cuatro estados concentran 95% del valor de la producción: Sinaloa, Colima, Baja California y Chiapas, que es donde se ubica la industria de proceso.

El volumen de captura ha disminuido, en el 2001 fue de 142,650 toneladas y en el 2010 de 130,800 toneladas. La acuacultura de atún inició en Baja California en el 2004 y actualmente se produce en este sistema poco más de 2,000 toneladas.

El consumo nacional aparente de atún en el 2010 fue de 138,398 toneladas y el consumo per cápita de 1.23 kilogramos.

Como sabemos, en México principalmente se consume enlatado y se tiene la percepción de que es un producto económico, pues una lata con 100 gramos se puede encontrar desde siete pesos.

El reto para esta industria es recuperar el volumen de producción impulsando fuertemente la acuacultura.

*J. Antonio Manríquez Núñez es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]