Argentina enfrenta el desafío de mantener relaciones simultáneas y positivas con Estados Unidos y China.

China ya lleva un año de ventaja en el desarrollo del avanzado sistema de telefonía 5G.

Xi Jinping considera que la concentración de poder en el gobierno asegura recursos para grandes proyectos tecnológicos. Esto le permite apoyar iniciativas por 10 años o más, lo que ha convertido a China en el líder en trenes de alta velocidad, energía solar y supercomputadoras. También ha contribuido al desarrollo del primer satélite quantum de comunicaciones, con altos niveles de seguridad antihackeo, y a la construcción del más grande radio telescopio en el mundo, para observar el espacio profundo. A su vez, ha resultado en el desarrollo de una industria de energía nuclear de alto nivel.

El avance tecnológico también impacta las capacidades militares de China, que ya es capaz de generar “respuestas asimétricas”, con armas antisatélites, construidas por 1 millón de dólares, que pueden destruir satélites norteamericanos que cuestan miles de millones de dólares.

Ante la irrupción de China en lo tecnológico, Argentina debe manejarse con sumo cuidado.

En el campo nuclear, China ha presentado dos proyectos de construcción y financiación de usinas nucleares. Uno utilizaría la tecnología canadiense CANDU, ya existente en la central Embalse. Ésta requiere de uranio natural y agua pesada para funcionar, lo que Argentina puede producir. El otro ha sido una central Hualong One, con tecnología china, que requiere uranio enriquecido, que Argentina no puede producir. Ésta se entregaría “llave en mano”, y sería construida por empresas chinas. La instalación de una central nuclear no puede ser justificada solamente en términos de la energía generada, sino que por la transferencia de tecnología que implica. Así, la mayor participación de empresas argentinas en la construcción de la central CANDU hace a esta opción más interesante, en adición a asegurar el suministro de uranio.

En lo espacial, un caso conflictivo es la estación china instalada en Neuquén. La capacidad de la antena parabólica instalada convierten a esta base tanto en una base espacial, para controlar misiones espaciales, como en una satelital. Esto le permite recoger informaciones útiles en caso de una confrontación militar en el espacio.

Como mencionamos, China ha desarrollado misiles antisatélites que pueden destruir satélites norteamericanos, y esta base podría contribuir a ese fin. La pregunta a formularse es si esto es una “línea roja” para EU, que puede fácilmente destruir esa base, e involucrarnos en un enfrentamiento militar.

En telecomunicaciones, Argentina debería replicar lo hecho en Europa, base de las empresas Nokia y Ericsson, e implementar estrictos protocolos de ciberseguridad, antes que ceder a las presiones internacionales para no utilizar equipamientos chinos.

Éstas se fundan en la posibilidad de empresas como Huawei, a tener acceso ilegal a datos o a verse forzada a informar a su gobierno. Sin embargo, ante el avance chino en la plataforma 5G, y ante sus precios competitivos en otras plataformas, el no usar equipamientos chinos tendría importantes costos económicos y en lo tecnológico.