El autócrata no tolera a la inteligencia como contrapeso. El déspota quiere todo el poder en sus manos. El tirano desprecia a las instituciones que lo acotan, y compra la lealtad del Ejército con contratos y proyectos. El ególatra exige toda la atención, pide panegíricos y demanda la adulación de las masas. El fanático no razona ni escucha, ni contrasta sus ideas con la realidad y con las de otros. El mesiánico se cree infalible. El ignorante tiene los ojos cerrados ante el mundo. El populista compra voluntades y votos con subsidios y dádivas, abomina los bienes públicos, quiere una relación directa con el pueblo, y se asume como voz y mensajero del pueblo. El demagogo engaña con frases y soluciones pueriles. El resentido detesta a las élites, odia y destruye. El megalómano se equipara con redentores y próceres, y quiere un palacio para sí. El iluminado rechaza y desdeña  la ciencia, la técnica y  la razón pública. El sectario divide, polariza y confronta. El rencoroso insulta y amenaza. El egocéntrico delira con ilusiones auto-referenciadas. El mitómano miente de manera compulsiva. El incapaz decepciona con su desempeño, hunde y se derrumba con su entorno. El retardatario se obsesiona con el pasado. El maniático compulsivo reitera ad nauseam frases, lugares comunes y acciones. El mediocre se rodea de incompetentes y abyectos. El miope carece de perspectiva, de proyecto nacional, y de capacidades mínimas para articular una visión de Estado.

Cuando todo esto se conjuga en algún desdichado país, las consecuencias son devastadoras. En poco tiempo las instituciones son demolidas, y va quedando un escenario sembrado de ruinas y cubierto de escombros y cascajo. La polarización se asienta como geografía básica, y la desolación se extiende por todas partes, en México, desde la educación, la salud y la energía, hasta la seguridad, la ciencia y la cultura, pasando por la economía, el medio ambiente, la infraestructura, y los órganos autónomos del Estado. Los instrumentos no son sólo recortes presupuestales y despidos incapacitantes a las entidades de la administración pública, sino el escarnio y envilecimiento al ponerlas en manos de personajes ostensiblemente ineptos, pero de sumisión incuestionable. Igualmente, la motivación no es sólo un desprecio visceral a lo público y a los bienes públicos que debe proveer todo Estado funcional y eficaz, sino el deseo de liberar recursos para transferirlos a programas masivos de subsidios clientelares con el propósito (¿hay otro?) de establecer relaciones de dependencia de la población hacia el gobierno y mantener el poder de manera indefinida. También, en nuestro país, con el objetivo de llevar a cabo proyectos gigantescos y absurdos, producto de la ocurrencia iluminada.

En este marco, el medio ambiente, como un sistema de bienes públicos por excelencia, además de estar hoy en día fuera de toda consideración sensata de gobierno, es simplemente ignorado, atropellado y desmantelado en sus instituciones y en la realidad, con saña y rencor psicopáticos.  Violaciones flagrantes a la legislación por parte del gobierno, desmantelamiento de instituciones, recortes presupuestales y despidos incapacitantes, repudio de acuerdos internacionales, cancelación de programas, nombramientos de mofa grotesca, eliminación de instrumentos de financiamiento, promoción de proyectos de impacto ambiental devastador, inducción directa de destrucción de Áreas Naturales Protegidas, y burla y agresión verbal contra ambientalistas desde la Presidencia.

Esto ha llevado a una convergencia inédita de exfuncionarios federales que han servido a la Nación en temas ambientales desde gobiernos de diferentes partidos políticos, con el fin defender a las instituciones, denunciar los atropellos y exigir rectificación, a través de una carta pública al presidente de la República, divulgada el viernes pasado, 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente. Primera vez en la historia en que no hay nada que celebrar. Ojalá esta iniciativa pueda cristalizar en una acción concertada de los participantes de resistencia y reversión del desastre en curso.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.