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Opinión

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Año 2012: Nuestra oportunidad

Este año puede y debe ser el principio del despertar de la sociedad mexicana para demostrarnos que somos capaces de lograr más de lo que nos imaginamos.

El 2012 llegó más rápido de lo esperado. Más allá de los propósitos que tradicionalmente hace cada persona, el año que inicia está cargado de expectativas, múltiples retos en lo económico y político, pero sobre todo enormes oportunidades para la sociedad civil mexicana.

Para muchos países, incluyendo México, el 2012 será un año trascendental pues habremos de elegir Presidente y legisladores y con ello decidir hacia dónde queremos llevar a nuestro país los próximos años.

No es una decisión menor, pues esta vez no se trata únicamente de votar por alguno de los candidatos, sino de asumir la responsabilidad que como ciudadanos tenemos para que las cosas sucedan de una manera distinta. No podemos caer en la tentación de dejar el timón en manos de alguien más, pues de hacerlo no tendremos derecho a quejarnos.

Es evidente que el ruido en un año electoral confunde a los ciudadanos, pues cada partido se vende como la única opción capaz de resolver todos o casi todos los problemas del país. A esto hay que agregar la guerra de descalificaciones entre candidatos y el afán de culpar a los demás de todos los problemas. El 2012 puede y debe ser el año en que la sociedad civil se pruebe capaz de tomar las riendas que, por tanto tiempo y de manera continua, ha dejado en manos de la clase política. En un escenario en donde pocas son las predicciones realmente optimistas, la realidad es que el futuro no está definido de ninguna manera.

Llegó la hora en que los ciudadanos debemos despertar para entender que somos nosotros quienes podemos influirlo. No caigamos en el error de creer que un solo candidato podrá hacerlo solo. Tampoco nos dejemos seducir por las predicciones fatalistas que describen todo tipo de escenarios caóticos.

México tiene todos los recursos para que el 2012 sea un hito, empezando por sus ciudadanos. Cuando vemos el potencial de nuestro país, resulta difícil entender por qué nos conformarnos con lo menos peor en lugar de buscar siempre lo mejor.

No podemos seguir siendo pesimistas cuando en nuestras manos tenemos la oportunidad de resolver cualquier problema y así transformar nuestro entorno inmediato. El 2012 puede y debe ser el principio de ese despertar de la sociedad civil mexicana para demostrarnos que somos capaces de lograr mucho más de lo que nos imaginamos. Vale la pena intentarlo y sorprendernos en el camino.

armando.regil@eleconomista.mx

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