“Tierra arrasada” parece exagerado y sólo se explica porque el modelo que viene es diametralmente opuesto al híbrido que se va, pobre de toda pobreza en casi todos los sentidos, con algunas salvedades estructurales de gran factura y otras institucionales de indudable mérito que no dejan de ser una muy buena plataforma para el gobierno que asume el día de hoy.

Apenas se raspa un poquito, surge que la “tierra arrasada” que deja Mauricio Macri, si existiera así en toda su dimensión, tiene como correlato inmediato el desbarajuste atómico que dejó la gestión anterior: inflación escondida, pobreza estructural cristalizada, déficits gemelos descontrolados, atrasos en tarifas, importación de gas y varios etcéteras más, incluidas las cuestiones ligadas a la corrupción, que nunca fueron explicitadas en toda su dimensión por Cambiemos, cuando debieron hacerlo.

Fue su primer error, problema de ellos. Y aunque Alberto Fernández no lo reconozca, mientras fija el relato para tirarle el fardo a Macri y compañía si sus planes no le salen bien, la cosa es realmente así. El presidente electo es un político de raza y peronista además de que sabe que le ha quedado a mano un punching ball extraordinario y que, con esa excusa, tiene relato asegurado para usar hasta el cansancio.

El segundo error del gobierno que se va fue haber armado, más allá de que el Estado se infla y los costos los pagan los contribuyentes, una estructura enorme de ministerios, con responsables que cuidaron su quinta e hicieron lo más que pudieron hacer.

Ahora, Fernández hizo lo mismo desde las formas y abre el juego más todavía con nuevos ministros, viceministros, secretarios, directores generales y sus estructuras. Los nombres de los responsables de cada área pasaron por un primer filtro de la prensa, aunque es sabido que será más difícil que alguien se ocupe de averiguar quiénes son y a quiénes responden los que están más abajo.

Desde lo político, el presidente electo presentó un gabinete más que interesante y como justificación a ciertas presunciones de armado conjunto con CFK, él explicitó en un par de ocasiones que su conformación atiende a la diversidad del frente que lo llevó a la Casa Rosada. También se encargó de avisarle a sus ministros que no le pidan plata en el arranque y además de callarlos, ya que les pidió que no se presten a entrevistas, debido a la seguridad que tiene que hay medios que lo quieren “hacer pelear” con Cristina Fernández, porque arman que ella le vetó varios nombres, cosa que es real. Y es real también que él le entregó cargos de excepción a la expresidenta y que algunos de esos lugares hasta sugieren cierto control sobre los movimientos del propio presidente electo.

Igualmente, puede decirse que en general ese gabinete es su gabinete.

En cuanto al sesgo ideológico del gabinete, en general, es un grupo bastante progresista o de centro-izquierda para decirlo con terminología algo demodé, pero no parece mayoritariamente tan populista como seguramente le gustaría a Cristina, salvo unas muy pocas excepciones. Lo más seguro es que, en esa línea, haya cambios radicales en la política de seguridad. También es probable que se avance en algunos otros giros más cosméticos, tirando a pragmáticos, en cuanto a la relación con el mundo, por ejemplo. En esa área no se puede descartar si los Estados Unidos se ponen duros, una mirada más atenta hacia China, régimen que quizás siga siendo una vieja debilidad de Fernández, orientada por sus lecturas juveniles.

A partir de hoy podremos despejar dudas.