Toda elección en una democracia es sin duda un referéndum. Una prueba en la cual los ciudadanos de una comunidad califican el trabajo realizado por el grupo gobernante y como resultado de este ejercicio ratifica o rechazan su oferta para continuar en el encargo.

Quienes conforman los partidos políticos o quienes de alguna forma se involucran en el quehacer público deben conocer incluso con temor esta premisa, la gente da, pero es también la gente que posee la inalienable capacidad de dar un golpe de timón y decidir con base en su evaluación (mediata o inmediata) el rumbo que debe seguir su comunidad. Por ello en la incipiente democracia mexicana los gobiernos son cada vez más conscientes de la responsabilidad que implica el buen uso del tiempo que los ciudadanos les confieren en cada elección, pero ¿qué pasa cuando este tiempo no es plenamente aprovechado? ¿Cuando los factores económicos, políticos y sociales no le favorecen a la clase gobernante? ¿Cuando se ve amenazado el establishment y por ende los privilegios y el nivel de influencia que se obtienen desde los espacios de poder político y administrativo?.

¡Acertaron! La clase política utiliza todos los recursos a su alcance para intentar garantizar su permanencia en los espacios de privilegio, incluso el aprovechamiento de las deficiencias de la democracia.

Para muestra, un botón, en la próxima elección en el estratégico Estado de México. El PRI, sabedor de que atraviesa por el peor momento de su historia en cuanto a aceptación y legitimidad se refiere, está apostando al movimiento de la maquinaria electoral, a lo que ellos llaman su voto duro y por supuesto a la fragmentación de la oposición. Es sabido por todos ellos que en el actual sistema político es posible ganar el gobierno asegurando la primera minoría, padecemos un sistema que permite que la mayoría opositora (en ocasiones aplastante) se concentre en dos, tres o más opciones políticas para dejar como la primera fuerza al partido o grupo que gobierna, ¿perversión o imperfección? Imposible descifrarlo a detalle, pero lo cierto es que al menos por el momento, la maquinaria del gobierno ha aprovechado muy bien estos ?yerros de nuestro diseño democrático para intentar retener el bastión que les garantiza al menos competir en la elección presidencial del 2018.

Craso error han cometido los partidos de oposición al permitir que los intereses oficialistas se infiltren en sus estructuras para dinamitar lo que a todas luces es evidente; la corrupción, la violencia, el desempleo y la soberbia de la clase gobernante han puesto al Estado de México en bandeja de plata para que por primera vez en la historia llegue al gobierno del estado un partido y un grupo de poder distinto al que lo ha gobernado por casi 100 años.

Muchos capítulos faltan por escribir en los procesos electorales durante este 2017. La sociedad mexicana se ha incrustado de manera protagónica en un acelerado proceso de cambio gracias a la magia de las tecnologías de la información.

Hoy afortunadamente tenemos una sociedad más crítica, más participativa, más activa y más decidida a formar parte de los cambios que exige. Se equivocan quienes pretenden mantener el establishment a costa de todo. Se les olvida que en la era de la información, las batallas se libran todos los días a todas horas; sin embargo, debemos reconocer que al menos por hoy en el Estado de México, ganó el establishment.