La actual crisis sanitaria nos ha enseñado que, a pesar de la ciencia y los avances tecnológicos, los seres humanos no estamos exentos de los efectos de sobrexplotar los recursos naturales y vivir en ambientes contaminados que ponen en riesgo la salud de las personas. Somos parte del ecosistema, somos una unidad, y no podemos vivir sanos sin tener un planeta sano. 

El 28 de enero se celebró el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre, también conocido como el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2. Este día propuesto por la ONU tiene el objetivo de generar conciencia sobre las principales causas del cambio climático. Vale la pena poner en perspectiva algunas cifras que ayudan a medir el cambio climático en tiempo real. Hoy en día existen 417.08 partes por millón de CO2 en la atmósfera (30% más que en la década pasada), habiéndose vertido 50,820 millones de toneladas métricas de emisiones en gases con efecto invernadero. La región con una mayor contaminación en el aire es Bishkek (Kirguistán) y existen 0.78 grados centígrados de incremento en la temperatura global en comparación del promedio de los años 90, según Bloomberg. Sin duda, no son cifras alentadoras, pero nos ayudan a generar conciencia.

El cierre de la economía y la actividad humana vivido en 2020 impactó de manera positiva en nuestro medioambiente, ya que se redujeron los niveles de contaminación en el mundo, hasta un 17% en las emisiones de CO2 diarias. Pero esto fue un efecto temporal derivado de la pandemia y no por acciones contundentes en la economía, el transporte y en los sistemas energéticos. Sin embargo, trajo consigo un consenso mundial: la recuperación económica debe ser sustentable. Esto significa que las medidas para frenar el calentamiento global forman parte de la recuperación. Además, se puso en relieve la urgencia de atacar de raíz dos crisis medioambientales actuales: el cambio climático y la pérdida de recursos naturales.

Los planes de activación económica han impulsado métricas sustentables. Algunos países están utilizando sus políticas sociales y económicas en clave de política ambiental. China estableció en septiembre de 2020 un plan de cero emisiones de carbono para 2060. Por su parte, Corea del Sur incrementó su inversión en infraestructura y tecnologías limpias y Nigeria lanzó un plan sustentable de recuperación instalando sistemas de energía solar para 25 millones de personas. El Foro Económico Mundial establece que no hay mitigación climática sin inversión sustentable. 

Las medidas y estímulos en pro del medioambiente podrían generar mayores oportunidades laborales y de crecimiento. El sector privado también ha jugado un rol fundamental adoptando estrategias de emisiones cero e incentivando las inversiones sustentables. Más de 700 empresas se han comprometido a invertir en el medioambiente a través del mercado global de créditos de carbono. Esta iniciativa fue creada por The International Emissions Trading Association (IETA) para promover las emisiones de carbono en tierra, remover el carbono de la atmósfera y restaurar los sistemas naturales. En el 2018 los mercados de carbono representaban 144 billones de euros, la inclusión de esta iniciativa agregó valor al incluir inversiones adicionales para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París. Hoy en día el valor de este mercado se ha duplicado. 

Estas soluciones climáticas (NCS por sus siglas en inglés) agrupan iniciativas para la conservación, restauración y aseguramiento para evitar gases de efecto invernadero. El mercado de créditos NCS busca promover que el sector privado escale inversiones en proyectos para la transición a una economía baja en emisiones de carbono y tomar acción contra el cambio climático.

Para 2030 las empresas más grandes del mundo se habrán comprometido a través de los créditos de carbono a una reducción en emisiones de hasta 0.2 gigatones (Gt) de CO2. Por ejemplo, Amazon restaurará 1.6 millones de hectáreas de bosques al invertir 10 millones de dólares. Nestlé está invirtiendo en la reforestación en Ghana y Walmart ha establecido tener emisiones cero en su operación a 2040. Estas inversiones también se han expandido a la procuración de la biodiversidad en tierras y océanos. Este mercado voluntario representa el 40% de créditos de carbono retirados en comparación con el 5% en el 2010.

Todos somos parte del mismo ecosistema y no podemos sanos sin un planeta sano. Es hora de tomar acciones contundentes aprovechando lo aprendido de la crisis sanitaria y la apertura de los mercados al incorporar elementos verdes como vía de recuperación económica.

La autora es profesora de cátedra de EGADE Business School del Tec de Monterrey