Probablemente han escuchado respecto de las interfaces de programación de aplicaciones mejor conocidas como API por sus siglas en inglés (Application Programming Interface), las cuales en términos generales viven en la nube y son un conjunto de funciones que permiten la conexión entre plataformas para obtener información limitada y específica con un objetivo particular.

En el mercado mundial el uso de las API ha sido un recurso aplicado de forma regular con resultados excepcionales, pero ¿qué pasa cuando para ofrecer productos y servicios financieros se intenta conectar a las plataformas de un banco con plataformas de instituciones no financieras como por ejemplo Amazon, Uber o Netflix? Derivado de esta pregunta y del desarrollo de nuevos modelos de negocios disruptivos del sistema financiero surgen las API financieras.

Las API financieras establecerán conexiones con plataformas de empresas no bancarias, lo cual permitirá a los usuarios finales obtener servicios y productos financieros desde la plataforma de cualquier empresa sin violar el secreto bancario. Imaginen que en un futuro van a poder obtener un crédito desde la aplicación móvil de Amazon para así poder comprar aquel asistente personal digital o bien un nuevo smartphone.

El desarrollo de las API financieras van a permitir romper los paradigmas que hoy en día rodean el otorgamiento y posicionamiento en el mercado de productos y servicios financieros digitales, en donde nuevos modelos de apificación de las instituciones financieras van a permitir a las empresas comenzar a estructurar modelos de negocio disruptivos con el soporte de una institución financiera desde el corazón del software de sus plataformas tecnológicas, produciendo así una especie de Banco como Servicio (BaaS).

Aunado a ello, si el uso de las API financieras lo complementamos con la conexión a plataformas de secretarías e instituciones de gobierno y lo matizamos con el uso de datos biométricos para autenticar a los clientes finales, sin duda tendremos un ecosistema digital más robusto y como resultado de ello una nueva era para la sociedad, las empresas y, por supuesto, para el sistema financiero.

Cada vez es más tangible que en un futuro las instituciones financieras se convertirán en verdaderas empresas tecnológicas, lo cual los transformará en una megaplataforma financiera a la cual empresas, fintechs y usuarios nos conectaremos, desde cualquier rincón que el cómputo en la nube ofrezca, para tener acceso a nuevos servicios y productos como nunca antes lo habíamos imaginado. Estamos viviendo los efectos directos del refinamiento de la revolución digital.

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