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AMLO, dimes y diretes

El presidente Andrés Manuel López Obrador.
Antes de comenzar a escribir la columna que usted lee, me pasé un buen rato cavilando en escribirla con objetividad, cosa que, pensando objetivamente, resulta imposible. Valga la paradoja. Sucede que al expresar una opinión sobre una situación política o un personaje de actualidad, el que la expresa está contaminado, a querer o no, por su manera de pensar y/o de sentir; por sus experiencias; y por sus conocimientos. Un maestro de periodismo, el catalán Marc Lucas Zaragoza, escribió: “El primer compromiso ético del periodista es el respeto a la verdad”. Pero aquí cabría preguntar: ¿Qué verdad? Ya que la verdad absoluta no existe porque todo es relativo —incluso esta frase—.
Completaré el concepto de Lucas Zaragoza: “Aunque la objetividad del periodista viene condicionada por factores subjetivos pero inevitables, lo principal es que la labor periodística esté basada en una interpretación de la verdad sin intenciones ocultas. El periodismo debe ser honesto, no objetivo”.
Dicho lo anterior seré honesto, escribiré sin intenciones ocultas. Aunque he tenido trato con él, no pertenezco al grupo “#Todos somos Loret”. Cuando Carlos entrevistó a Mario Marín, compañeros de escritura y yo le dedicamos un trabajo por el arrojo con el que confrontó al hoy preso precioso. Posteriormente lo sentí falsamente moralista cuando regañó —que no entrevistó— a Kalimba y demasiado medroso cuando entrevistó al delincuente apodado JJ. No puedo, porque no me consta, calificarlo de mercenario. Imposible negar que es periodista de dinastía —cuarta generación—. Afirmaré que de manera furibunda y consuetudinaria ha enfrentado y denostado al gobierno de la 4T, principalmente al presidente López Obrador desde que éste llegó al poder, siempre abastecido de datos por sus anónimas fuentes o por su equipo periodístico.
En contraparte diré que no obstante que Andrés Manuel basó su campaña en la lucha contra la corrupción ésta está arraigada en lo más profundo del ser nacional, erradicarla es algo muy difícil. Creo en su honestidad personal, pero en sus propias filas está inmerso éste mal como muy pronto se tendrá que saber. No ha cumplido con las expectativas de poner tras las rejas a la cúpula de los depredadores del reciente prianismo. Ha tomado medidas para acabar con el contubernio entre gobierno y empresarios favorecidos en el pasado corrupta e impunemente en cuestión de impuestos, concesiones y otras artimañas. Esto ha originado la creación de un abigarrado grupo empresarial y político que se opone a las mínimas medidas de justicia social a las que ellos llaman “populistas”. Sin embargo este grupo opositor que exagera y expone los errores presidenciales a nivel de burla no tiene una opción políticamente razonable con la cual enfrentar al obradorismo.
Pienso que AMLO ha cometido el error de dividirnos a los mexicanos entre liberales y conservadores —me suena al Siglo XIX— esta polarización cada día es más profunda y dañina. Por otro lado en los últimos tres meses el Ejecutivo ha mostrado su talón de Aquiles: sus hijos. “Bueno, dijo en la mañanera del viernes pasado en Hermosillo, estos ataques a mis hijos, pero no es a mis hijos , es a mí” (a quien atacan). Obviamente presidente, si quiere transformar el estado de cosas le van a buscar errores, tráfico de influencias y conflicto de intereses hasta por debajo de la lengua. Pero eso no justifica decir que Carmen Aristegui forma parte del “hampa del periodismo”. Tampoco es legal usar información confidencial que posee la Secretaría de Hacienda para exhibir a un periodista. Al mandatario le faltó inteligencia emocional para no reaccionar con visible enojo públicamente en sus conferencias matutinas. Debió dejar pasar los hechos y permitir que su hijos, como ya lo está haciendo José Ramón y su esposa, se pongan en disposición para ser investigados y no ahondar en dimes y diretes.
El ganador de este round se llama Carlos Loret de Mola.
Meme
Se me hace muy apresurada la boda de Elba Esther, ¿no estará embarazada?

