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Opinión

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¿A quiénes afecta la recesión económica?

Carlos Alberto Martinez Castillo

En esta coyuntura, los analistas se desviven por descifrar si nos encontramos en una recesión o vamos camino a ella. Por su parte, los gobiernos hacen hasta lo imposible para explicar que, pese a lo evidente, las cosas no van mal. Lo anterior se explica bajo la lógica de que la economía, sabemos, se sustenta en expectativas, las cuales forman parte de la base de presupuestos públicos y privados, cálculos de rendimientos esperados, costos e inversiones. La realidad es que, pese a ser el mismo problema económico, no es lo mismo la recesión que aprecian y sienten los mercados que la que sienten las familias. En esa lógica los gobiernos se defienden hasta con las uñas para expresarle al electorado que la situación no es grave para ganar tiempo a la espera de un cambio en los procesos del ciclo. Por otro lado, los analistas no saben qué parte de las varias decenas de variables considerar para buscar por dónde se ven mejor las cifras. Mientras nos tronamos la cabeza en análisis, la sociedad lleva meses resintiendo los estragos de una serie de factores económicos que, por cierto, no todos son necesariamente producto de los vaivenes naturales de los ciclos económicos. La desmedida emisión de dinero por parte de las economías desarrolladas para salir de la recesión anterior en 2008-09, la invasión rusa a Ucrania y la desproporcionada salida de la pandemia, son elementos atribuibles a los políticos.

El impacto de las recesiones es en el empleo, ello nos da una idea de sus consecuencias. En este momento, las familias no se sienten seguras de su empleo al tiempo que vienen acumulando incertidumbre y altos grados de ansiedad que infortunadamente se añaden a la inseguridad por la salud, su integridad personal y el valor de sus pertenencias. Así, mientras mujeres y hombres sin trabajo verán aún más lejanas sus posibilidades de obtenerlo, el drama económico se extiende al resto de la población económicamente activa, la cual no tiene plena garantía de preservar el empleo. En este sentido, se altera significativamente el consumo de los hogares, el pago de deudas, seguros, colegiaturas, el pago de impuestos y, quizás lo más importante, el ahorro. En caso de que el periodo recesivo se prolongue, las familias tendrán como ya ocurre, tomar parte de sus ahorros o sus recursos para pensiones. La cadena de afectaciones es, en efecto, amplia va desde los recursos disponibles para la operación del estado, las inversiones de la planta productiva, las expectativas futuras, sin embargo, son las familias las que más sufren entre otras razones por su limitada capacidad para acceder al crédito, sus bajos niveles de ahorro en comparación con otros actores económicos, se dependencia de terceros como las empresas o los gobierno. Entonces, mientras los analistas o políticos nos ponemos de acuerdo en definiciones y conceptos teóricos para saber si vamos camino a un periodo recesivo, ello lamentablemente, no es tema para los ciudadanos comunes quienes a través de sus bolsillos ya saben que están viviendo una recesión.

Carlos Alberto Martinez Castillo

Doctor en Desarrollo Económico, Doctor en Derecho y Doctor en Historia del Pensamiento Filosófico Especialidades en desarrollo económico en Oxford University y en Economía Internacional en Georgetown University. Profesor en la Universidad Panamericana y la Ibero. Ha colaborado en la Presidencia de la República, el Banco de México, la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, fue Ministro de Asuntos Economicos de la Embajada de Mexico en EEUU (Washington). Autor de libros en Regulación Financiera, Historia Económica, Política Fiscal, Políticas Públicas y Ética.

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