Si existiera un certamen para ver cuál de todos los presidentes de nuestro país, desde la Revolución y hasta la actualidad, ha sido el más socarrón, el ganador sería, sin duda, don Adolfo Ruiz Cortines —el mandatario que, en el mismo periodo arriba señalado, ha sido el que, antes de Andrés Manuel López Obrador, llegó al poder con mayor edad, 62 años, dos menos que con los que llegará AMLO.

Socarrón es aquel que obra con astucia o disimulo, acompañado de burla encubierta. Así se condujo en el ejercicio del poder el mandatario, nativo de Veracruz, que sucedió al, también veracruzano, licenciado Miguel Alemán Valdés y que antecedió al mexiquense Adolfo López Mateos, como Primer Mandatario de la República Mexicana.

Don Adolfo —el viejo porque el joven fue López Mateos— aderezaba la alta investidura a la que había llegado por escalafón —se decía— con una fina ironía y con una maquiavélica inteligencia que aunadas a su amplio conocimiento de los usos y costumbres de la política mexicana, así como de la manera de pensar y proceder de sus hombres, lo hicieron un presidente sabio, creador de precisos dichos y rotundas sentencias: “El dinero nunca debe ser número uno, tampoco es número dos”.

Cuando ya era presidente electo le preguntó a uno de sus colaboradores más cercanos qué opinaba la gente, la sociedad, el pueblo, sobre él. El colaborador se armó de valor para decirle la verdad: “Pues lo único que es motivo de mofa hacia su persona es su edad, se dice que usted es un viejo que ya no tiene vigor sexual”. Don Adolfo asimiló el comentario al que contestó con una pregunta: “¿Me escogieron para gobernarlos o como semental?”.

Eran los tiempos del PRI-partidazo. Del carro completo. En 1957 se acercaba la sucesión de Ruiz Cortines y, como siempre, hasta esta última vez en la que al preciso le salió la candidatura ciudadana de José Antonio Meade por la culata, era el Ejecutivo en turno el “fiel de la balanza” —como años después lo definió José López Portillo— el que después de meditarlo y sopesarlo soltaba el nombre de su sucesor; posteriormente la sapiente tradición nacional denominada la cargada se ocupaba de buscarle al ungido cualidades nunca antes poseídas por personaje alguno en nuestra historia.

Para heredar la Presidencia Imperial de manos de Ruiz Cortines, sonaban, principalmente, tres secretarios de Estado, el de Salubridad y Asistencia, doctor Ignacio Morones Prieto; el de Gobernación, paisano de don Adolfo, Ángel Carvajal Bernal, y el de Agricultura y Ganadería, amigo del presidente, Gilberto Flores Muñoz, al que don Adolfo le decía cariñosamente el “Pollo”.

En una reunión donde se encontraban, entre otros distinguidos políticos del régimen, don Antonio Carrillo Flores, secretario de Hacienda y Crédito Público, y el General Agustín Olachea Avilés, presidente nacional del PRI, Ruiz Cortines soltó un comentario, como sin darle importancia, pero harto significativo para aquellos que andaban tras la caza de una señal sucesoria. “Hay que cuidar al ‘Pollo’. Hay que limpiarle el escritorio al ‘Pollo’”. El mensaje fue captado por los dos receptores a los que iba dirigido el mensaje, Carrillo Flores y Olachea Avilés, los cuales interpretaron el aviso como una manera presidencial de decir que el bueno era Gilberto Flores Muñoz. (21 años después, en 1978, Gilberto Flores Muñoz y su esposa, la escritora Asunción Izquierdo, fueron asesinados, a machetazos, por su nieto Gilberto Flores Alavez de 22 años).

Tiempo después, cuando fue destapado —el primer tapado que llevó este calificativo—, de manera inesperada López Mateos, alguien de la confianza del próximo expresidente, se atrevió a cuestionar la glosa que desconcertó al medio político. “¿Tú crees —preguntó el jarocho— que si el bueno fuera el ‘Pollo’ hubiera pedido yo que le limpiasen el escritorio? Claro que no, el que se queda no necesita que le limpien nada. Hay que limpiar el escritorio de los que se van”.

Esto es lo que sucede por estos días, los ciudadanos notamos poca actividad política de cara al público. Sentimos que sólo López Obrador marca la agenda. ¿Dónde están los actuales secretarios de Estado e, inclusive, el presidente? ¿Estarán limpiando su escritorio porque se van?

De ser así deben de estar usando un detergente superpoderoso para limpiar las manchas de todo un sexenio de corrupción impune que deja saldos difíciles de borrar. En el aspecto inmobiliario la Casa Blanca, Malinalco e Ixtapan de la Sal; a esto habrá que agregar el caso Odebrecht; el millón de pesos gastados por hora —24 millones al día— en publicidad por Peña Nieto en el mejoramiento —frustrado— de su imagen; el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca; el multimillonario despilfarro de Aurelio Nuño en la Secretaría de Educación que en sólo 16 meses gastó mil 687 millones de pesos en promocionar la dependencia a su cargo, y de paso, su persona. La lista es larga. La canción de moda: Que no quede huella, que no, que no.

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-Madre, en el colegio me denominan pedante.

-¿Quién hijo?

-Los vástagos de las condescendientes meretrices que tuvieron a bien alumbrarlos.

-Y, ¿qué hiciste, hijo?

-Cordialmente los invité a que encaminen sus pasos hacia donde mora su progenitora y procedieran a importunarla.

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.