Controversia en puerta: los restos del presidente de México entre 1884 y 1911, Porfirio Díaz Mori, necesitan un nuevo albergue. Resulta que el próximo año vence el plazo de 99 años que pueden permanecer los restos de una persona sepultada en el Cementerio de Montparnasse en París, Francia.

Como sabemos, Porfirio Díaz pasó los últimos años de su vida en Francia, donde murió el 2 de julio de 1915. Su cadáver permaneció en el templo de Saint Honoré d’Eylau, mientras su viuda, Carmen Romero Rubio, tramitaba su traslado a México, pero el gobierno en turno negó el permiso para que se cumpliera el deseo del expresidente: que sus restos tuvieran su natal Oaxaca como última morada.

Ante la negativa de las autoridades mexicanas fue construido un mausoleo en Montparnasse, a donde cada año suele acudir una buena cantidad de personas.

Todo parece indicar que los familiares están conscientes de que el 27 de diciembre del 2020 se cumple el límite de 99 años que puede permanecer un cadáver conforme al acuerdo original; a partir de ahí, como ocurre en todos los panteones, si no existe una renovación del contrato, se recupera el espacio.

En los últimos 40 años ha habido intenciones de grupos y personas que promueven su traslado a México, pero invariablemente han chocado con la negativa de los gobiernos, incluidos los panistas.

La figura de Díaz polariza posiciones; existe una nutrida literatura sobre su trayectoria, tanto a favor como en contra, pero en la historia que se cuenta en las escuelas predominan los prejuicios.

La historia la muestran parcial, la tratan de sintetizar por los supuestos o reales daños del llamado Porfiriato, pero sin matices. Por ejemplo, no se repara que el relevo entre Díaz y Madero fue en términos pacíficos, que hubo un encuentro entre los dos personajes de tal forma que don Porfirio hace efectiva su renuncia el 25 de mayo de 1911 y es sucedido por Francisco León de la Barra, quien entregó el mando a Francisco I. Madero el 6 de noviembre siguiente.

En realidad, la revuelta se genera con los levantamientos de generales como Bernardo Reyes, Félix Díaz y Victoriano Huerta, quien se encargó de vigilar el traslado de don Porfirio a Veracruz, de donde inicialmente zarpó rumbo a España.

Mucho menos se repara en la influencia que tuvieron los factores externos en contra del régimen y en apoyo de Madero, en particular por parte de Estados Unidos y Alemania en el afán de sus gobiernos por hacerse con el petróleo mexicano. Pero ésa es otra historia que corresponde a los estudiosos.

De regreso al tema, las opciones respecto al destino de los restos del expresidente son muy claras:

La más simple sería que los familiares pagasen una renovación del contrato por otros 99 años, pero ha trascendido que no lo piensan hacer.

Otra posibilidad es que los restos sean sacados del mausoleo de Montparnasse y cumplan con el destino de los que no son reclamados, es decir, una fosa común.

También está la posibilidad de que los gobiernos de Francia y de París no quieran problemas y los dejen donde están sin mayor reparo. Finalmente, para ellos es hasta un atractivo turístico.

Por supuesto, podría suceder que en México se superen discordias y se cumpla la petición de Porfirio Díaz de que sus restos sean llevados a su natal Oaxaca. No se necesitan homenajes ni ceremonias públicas, simplemente la autorización para que los familiares trasladen el féretro o la urna con las cenizas a un panteón o templo de Oaxaca.

Pero diera la impresión de que 100 años después de su muerte, Porfirio Díaz sigue causando pánico.

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.