La evidencia empírica muestra que la llegada de 5G ha eclipsado la de todas las generaciones móviles que le precedieron. Mientras que la anecdótica nos muestra las mismas quejas sobre la lentitud en el arribo de esta tecnología a América Latina. Como la percepción es quien gana estas batallas, es muy común encontrar en todos lados voces evocando a la mítica Casandra y recordando el crimen nefasto que se está cometiendo por el inverosímil atraso en la llegada de la quinta generación móvil a nuestras tierras.  

La llegada de 5G es inminente y más pronto que tarde se estará ofreciendo el servicio en todos los mercados de las Américas. No obstante, el cronometro de despegue no será simétrico ni a nivel regional, ni a nivel nacional. La sorpresa no es que esto suceda, es lo que siempre se ha observado con una nueva tecnología sea inalámbrica o cableada, sino que se sorprenda por el despliegue en fases que pudiese tener 5G. 

Sin embargo, la llegada de 5G no ocurre como por arte de magia. No implica colocar una nueva red móvil y súbitamente está funcionado a perfección la tecnología. Hay muchísimos aspectos que deben ser contemplados para poder justificar un lanzamiento que sea comercialmente viable. Por ejemplo, se debe dejar a un lado la visión errónea de que 5G es una sola red en lugar de un ecosistema de distintas tecnologías, muchas de ellas ya siendo utilizadas en el mercado, que necesitan insumos específicos para poder cumplir con los parámetros de desempeño que se esperan de ellas.  

Una vez sorteada la parte de la infraestructura comienza la parte burocrática, ese batallar por la autorización de permisos que en algunos lados puede estar armonizada y en otros lugares requiere de milagros. Un milagro en los municipios, otro en las aduanas y otros en el legislativo para que no se les ocurra ser creativos en la parte impositiva y comenzar a imponer regulación tarifaria sin considerar la estructura de costos de un operador móvil, un harakiri regulatorio que está causando estragos en un país del Sur de la región.   

Finalizados estos dos pasos iniciales, comienza una batalla logística en donde las economías de escala se hacen necesarias si lo que se busca en incrementar rápidamente la adopción de la tecnología. Temas que son pertinentes tanto en el mundo intangible de aplicaciones avanzadas y software dedicado hasta el tangible de teléfonos, sensores y otros dispositivos. Sin un artefacto con el que poder conectarse a la nueva red, su utilidad e impacto será nulo.  

Son todas estas razones las que hacen urgente que los pedidos y reclamos por 5G respondan una pregunta muy sencilla: ¿5G para qué? 

Cuál es el modelo de negocio que se espera sea atendido con 5G a corto y mediano plazo pues es precisamente este el que definirá el proceso de llevar cobertura pues presentará las condiciones necesarias que debe tener una localidad para ser sumada a la cobertura de la nueva red. Al pensar en modelo de negocio se tiene que ir más allá de las velocidades más rápidas a las del presente pues la promesa de 20 Gbps no ocurrirá a corto plazo.  

¿Acaso el modelo de negocios es interno en cuestión de reducción de costos operativos? ¿Cuál es el diferenciar que me ofrece 5G para justificar el erigir una infraestructura con una densidad de antenas diez veces mayor a las de una red de 3G? ¿Por qué pagar por un espectro adicional que no me sirve para diversificar mi cartera de servicios? Dicho en otra forma, cual es el negocio que brinda 5G al operador, que no es lo mismo que decir que servicio le brinda 5G al consumidor.  

No obstante, al momento de pensar en el modelo de negocios que trae 5G a los operadores hay que considerar que dado a su rápido despliegue alrededor del mundo la demanda por la tecnología ya no surge de los canales tradicionales. Sí, la demanda por el sector empresarial y el sector masivo aún existe en los mercados. El giro es en como esta demanda se complementa por el origen de la necesidad de poseer 5G.  

Contrario a lo visto hasta el momento, 5G al tener mayor capacidad de conectar dispositivos puede ser visto como una red necesaria para impulsar la digitalización de algunos segmentos verticales de la economía. Segmentos como energía, finanzas y logística se prestan como pioneros en el despliegue de soluciones industriales del Internet de las cosas. Por otra parte, dependiendo el nivel de sofisticación de la industria manufacturera local, la demanda puede surgir de nuevos parámetros técnicos que requieren que la nueva generación de dispositivos pueda operar en redes 5G, necesitando de la existencia de estas para hacer las pruebas necesarias con los nuevos equipos.  

El costo oportunidad de no atender ni la demanda por 5G de origen interno, ni aquella que se deriva de los requisitos impuestos por clientes internacionales puede llegar ser muy alto para cualquier país latinoamericano. Ante esta realidad, antes de pregonar la necesidad de 5G y hablar de manera etérea de las miles de oportunidades y bondades que posee la tecnología sería más sensato pensar en las soluciones y servicios que serían potenciados con 5G.  

Como dice la canción, “no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”.