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Opinión

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20 piezas para la construcción de tu patrimonio (III)

Joan Lanzagorta

(Tercera de cuatro partes)

Para construir un patrimonio tenemos que ser capaces de decirle a nuestro dinero qué es lo que queremos que haga para nosotros. Es decir, tomar el control. Por eso, es importante un plan de gastos que sirve precisamente para ello. Por otro lado, hemos aprendido que las deudas nos encadenan, nos anclan al pasado y nos impiden ver el futuro (y construirlo). Por eso, tenemos que salir de ellas, para entonces sí, empezar a sembrar. A continuación, otras cuatro piezas para la construcción del patrimonio:

11. Obtener la mayor educación posible, tanto formal como autodidacta. Normalmente, la gente que está más y mejor preparada tiene acceso a mejores oportunidades, no sólo de empleo, sino en la vida. Es importante enfatizar que no sólo es importante la educación formal (la que se obtiene, a través de instituciones educativas) sino también la autodidacta, considerando que la educación financiera personal no se nos enseña normalmente en las escuelas.

12. Aprender a negociar nuestros honorarios o salario. Esta es una habilidad fundamental que puede hacer una enorme diferencia en nuestra calidad de vida. Los estudios indican que la gente que no sabe negociar sus ingresos eficientemente y en el momento correcto suele perder en el largo plazo una muy importante cantidad de dinero.

13. Tenemos que saber invertir de manera inteligente, con visión de largo plazo, porque el patrimonio se forma con el tiempo. La gente piensa en “dónde invertir” o si hoy es un “buen momento”. Siempre lo es. Son preguntas incorrectas y enfocadas en el corto plazo. Por otro lado, tampoco hay que pensar si “conviene comprar dólares” o si “el oro es un buen refugio”, porque uno se enfoca en un solo instrumento. Tenemos que pensar en términos de construir un portafolio, diversificado, que tenga distintos tipos de instrumentos.

14. Para construir un portafolio de inversión, debemos tener primero muy claras dos cosas: nuestro objetivo y horizonte de inversión (qué queremos lograr y en cuánto tiempo) y nuestra tolerancia al riesgo. El riesgo es la volatilidad o variabilidad de nuestro portafolio y es sin duda la medida más relevante, por encima del rendimiento. Hay personas que aguantan una caída de 30% en su portafolio en un día, pero a otras les pondría muy nervioso una baja de tan sólo 5 por ciento. El propósito de diversificar en distintos instrumentos es precisamente para controlar ese riesgo, porque no todo baja al mismo tiempo. A veces las acciones suben y el oro baja, por ejemplo. Hay además instrumentos que son muy estables y casi no tienen brincos, como los instrumentos de deuda de muy corto plazo. Entonces tenemos que combinar para controlar el riesgo y luego, buscar maximizar el rendimiento.

Entonces, si uno invierte dinero que podría necesitar en seis meses, uno no va a comprar bonos a 30 años, o acciones de empresas. Simplemente no tiene sentido. El portafolio va a estar mucho más concentrado en instrumentos de deuda de corto plazo, que sean estables y que puedan generar un rendimiento en línea con la inflación. De la misma manera, si uno está invirtiendo para su retiro, dinero que no necesitará sino hasta dentro de 30 años, no tiene sentido tener un portafolio demasiado orientado a instrumentos de corto plazo. En un periodo tan grande, valdrá la pena una mayor concentración en acciones, por ejemplo, porque las empresas son las que mueven la economía.

Joan Lanzagorta

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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