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Opinión

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18 de marzo: el mantra del estancamiento

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Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

Y aquí estamos otra vez, en otro 18 de marzo cuando México se sumerge en esta liturgia que confunde la soberanía con la cerrazón y que cambia patriotismo por pasivos.

La inocultable condición de Petróleos Mexicanos le ha restado adeptos a festejar como ese mantra supremo de la izquierda a la mexicana el día de la Expropiación Petrolera. Sin embargo, así como muchos creen que hoy Cuba es la de Fidel de 1953, no son pocos los que creen que la industria petrolera es hoy la de Cárdenas de 1938.

Lo que en su momento pudo ser una liberación de los recursos energéticos se ha convertido en la continuidad de un dogma estatista que ha impedido la participación regulada y lucrativa para el Estado y los capitales privados en la industria petrolera.

La renta petrolera se perdió en el mito y perdió el país una palanca de desarrollo real para dar paso al agujero negro que hoy arrastra, no solo a Pemex, sino a las finanzas de todo el país.

El mito tras el 18 de marzo de 1938 relata a cientos de mexicanos formados frente a Palacio Nacional para entregar lo mismo joyas que gallinas para indemnizar a los malvados extranjeros.

La realidad de este 2026 es que Petróleos Mexicanos llega al 88 aniversario de la Expropiación Petrolera como la empresa más endeudada del mundo, con sus 85,000 millones de dólares en pasivos; más los 400,000 millones de pesos que debe a sus proveedores; y sin perder de vista que su costo al Erario entre el 2019 y el 2026, en ese periodo de la Cuarta Transformación, ha sido de más de 1.4 billones de pesos entre apoyos directos y beneficios fiscales. Es una bomba de tiempo en dos divisas.

Nuestro “orgullo nacional” le costará al Gobierno Federal tan solo este año 780,000 millones de pesos. Si lo comparamos con la intentona antidemocrática del llamado Plan B electoral, por cada peso que el gobierno dice que se va a “ahorrar” en gastos democráticos, gastará 195 pesos en la ineficiencia petrolera, tan solo este año.

Y más números, porque de eso va: cada mexicano, nazca donde nazca, carga hoy con una factura de casi 2,000 pesos anuales tan solo para mantener a flote un modelo de negocio que pierde dinero en refinación y cuya producción de petróleo crudo apenas roza 1.6 millones de barriles diarios, muy lejos de la bonanza prometida.

Pemex no es hoy una inversión, es un barril sin fondo destinado al rescate perpetuo que ya ha comprometido las finanzas públicas y ha restado recursos indispensables para servicios críticos de salud, educación y seguridad.

La reingeniería de Pemex, y del sector eléctrico, no admite más prórrogas; requiere replantear el papel de Estado y abrirse sin complejos al capital privado. Pero nada de esto ocurrirá si no damos como país el primer paso de apagar el micrófono del nacionalismo populista.

La viabilidad de Pemex hoy no depende de más ideología, sino de una cirugía financiera profunda que abra paso a la inversión privada bien regulada, que transforme este lastre en un sector de energías moderno.

La realidad de este 2026 es que Petróleos Mexicanos llega al 88 aniversario de la Expropiación Petrolera como la empresa más endeudada del mundo, con sus 85,000 mdd en pasivos; más los 400,000 mdp que debe a sus proveedores.

ecampos@eleconomista.mx

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Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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