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Opinión

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El Congreso mexicano, el más obeso del mundo

De acuerdo con el estudio denominado Reporte Legislativo, publicado recientemente por la empresa consultora Integralia, el senado mexicano es el que tiene el mayor número de comisiones en el mundo y la Cámara de Diputados es el tercer cuerpo legislativo de su tipo que agrupa más comisiones de trabajo a nivel internacional.

El Senado cuenta actualmente con 79 comisiones divididas en 64 ordinarias y 15 especiales; por su parte, la Cámara Baja tiene 100 comisiones, 56 ordinarias y 44 especiales.

A estos números hay que sumar las cinco bicamerales, para obtener un total en ambas cámaras de 184 comisiones, lo que evidentemente describe a nuestro congreso federal, como el más obeso del orbe.

Sobre todo si se toma en cuenta, que según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el promedio mundial oscila en 22 órganos de este tipo por país.

Las comisiones son secciones de trabajo legislativo donde se estudian, analizan y discuten los asuntos que los órganos de dirección les turnan. Las ordinarias contribuyen a que la cámara cumpla con sus obligaciones normativas, son las únicas que lo hacen mediante la elaboración de dictámenes.

Estas se integran por un presidente, secretarios e integrantes y su conformación se determina por el criterio de proporcionalidad de acuerdo con la composición del pleno.

Las especiales se crean para la atención de asuntos y circunstancias específicas, para lo cual deben tener además de un objeto, plazo de cumplimiento, para poder extinguirlas al término de su cometido.

Por ley, los temas a los que se dediquen las comisiones ordinarias deben corresponder con las dependencias y entidades de la administración pública federal.

Las comisiones se agrupan de acuerdo con las atribuciones de las 18 secretarías de Estado según los asuntos que tratan; en el análisis, se advierte que hay casos en que hay una comisión por secretaría de Estado y en otros existen hasta 10 para los temas de una misma dependencia.

El ejemplo que más llama la atención corresponde a la Secretaría de Relaciones Exteriores: en el senado hay 10 comisiones para este rubro, la principal ha recibido once iniciativas y no ha dictaminado ninguna; las nueve restantes no han recibido una sola iniciativa.

Los resultados del Reporte Legislativo, elaborado por Integralia, dejan de manifiesto diversos elementos de análisis: el exagerado número de comisiones existentes provoca una enorme duplicidad que conlleva a la ineficiencia.

Además, hay una monumental simulación porque poco menos de la mitad de estos órganos, no sesionan al no tener asuntos que atender y resolver, lo que supone que hay por lo menos 70 comisiones que deberían desaparecer.

Un gasto económico innecesario, un derroche de dinero que impacta el presupuesto, toda vez que a cada comisión se le conceden recursos para sus funciones, viajes, oficinas, personal, vehículos, teléfonos y prerrogativas.

Esto sin dejar de lado las llamadas subvenciones a los grupos parlamentarios que oscilan en el rango de los mil millones de pesos anuales, dinero del que no se entregan cuentas y que finalmente es usado para cuestiones que nada tienen que ver con el proceso legislativo.

Esto lleva a reflexionar a que la conformación y distribución de estos privilegios, además de su carácter superfluo, no son más que dádivas establecidas para el control político y herramientas para mantener ciertos equilibrios entre los partidos políticos, que finalmente terminan por ser materia de negociación para poder otorgar posiciones para la vanagloria, para la promoción personal de los legisladores o para facilitar a los líderes la compra de acuerdos.

Por ello no es de extrañar que a pesar del gigantesco recorte presupuestal propuesto por el Poder Ejecutivo, quienes no sufren reducción de sus ingresos son precisamente las cámaras y los partidos políticos, que son finalmente los que votan y aprueban el paquete económico.

La clase política nacional sin distingo de su pertenencia partidista, Hoy está más preocupada y ocupada en la próxima competencia electoral de cara a la sucesión presidencial.

Sin embargo, lo necesario, lo urgente, es un replanteamiento de todo nuestro sistema de gobierno, la obligación de hacer una profunda reingeniería que modifique y modernice el esquema actual, que a todas luces es ya obsoleto.

Se requiere una revisión del número y las funciones tanto en el Congreso como en el Gobierno Federal, de la estructura operativa, de secretarías, comisiones e institutos, que son parte de una gigantesca y onerosa burocracia, así como de la eficiencia en el gasto y las participaciones estatales.

En suma, elementos necesarios para el combate a la corrupción, no sólo por el impacto que todo ello conlleva en la economía, sino porque independientemente del pretexto constante respecto de los factores externos, la obesidad y disfuncionalidad de nuestro sistema administrativo de gobierno es hoy uno de los principales obstáculos de la viabilidad del país.

Twitter: @vazquezhandall

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