Se trata quizás del ajuste más prolongado desde la década de los 80 y el más importante en magnitud desde la fuerte caída del peso (alrededor de 70%) observada entre octubre del 2008 y marzo del 2009, cuando la grave crisis financiera de EU originó el cierre de la liquidez en los mercados financieros internacionales, un crecimiento negativo de la economía de EU en el primer trimestre del 2009 y una muy fuerte recesión en México durante todo ese año.

Las presiones que el peso ha resentido desde mediados del 2014 han estado determinadas por dos factores principales, ambos externos a la economía mexicana. La revisión de su comportamiento toma relevancia ante la firme tendencia ascendente del tipo de cambio peso-dólar.

1) La caída en los precios del petróleo. Quizás el factor de mayor impacto sobre la paridad cambiaria ha sido el desplome de los precios del petróleo que, en los mismos 20 meses en los que el peso se ha depreciado casi 50% y para el crudo de referencia WTI, han caído de más de 120 dólares por barril a fluctuar alrededor de 30 dólares por barril . Estos precios tienen un fuerte impacto negativo sobre las finanzas públicas de importantes países productores como Rusia o Arabia Saudita, por lo que han comenzado a tener acercamientos con vistas a estabilizar el precio del hidrocarburo; sin embargo, la entrada de Iraq al mercado y la posible menor demanda asociada a la desaceleración de la economía china no permiten anticipar ningún rebote significativo de los precios, si bien la magnitud de la caída acumulada sugiere la posibilidad de alguna estabilización sobre los niveles actuales.

2) Nuevos incrementos a la tasa de referencia de la Reserva Federal (Fed). El temor sobre el inicio de la normalización de la tasa de referencia de la Fed fue un factor de zozobra para los mercados financieros y de fortalecimiento de dólar en los mercados cambiarios a lo largo de todo el 2015. El primer incremento de un cuarto de punto porcentual se dio en diciembre pasado y, de acuerdo con las propias previsiones de la Fed, este año se podrían darse tres o cuatro incrementos, quizás uno por trimestre, para llevar esta tasa de referencia a 1.25 o 1.50% al cierre del 2016. El fortalecimiento del dólar que resulta de esta posibilidad ya ha pasado factura en la forma de una significativa desaceleración del crecimiento económico (de una tasa real anualizada de 2.0% en el tercer trimestre del 2015 a otra preliminar de sólo 0.7% en el cuarto trimestre); sin embargo, las dos variables objeto del mandato de este banco central presentan condiciones acordes con la continuidad del ciclo alcista en su tasa de referencia. A saber, la inflación subyacente (esto es sin los precios de la energía) de EU ya supera la tasa anual objetivo de 2.0% y la tasa de desempleo reportada para enero se ubicó en 4.9%, magnitud acorde con la definición de pleno empleo de la propia Fed.

De acuerdo con los dos factores externos antes expuestos, las presiones sobre el peso pueden continuar en las próximas semanas y acercar el tipo de cambio a la barrera psicológica de 20 pesos por dólar. Quizás por esta razón y para romper esta dinámica, el gobernador del Banco de México, Dr. Agustín Carstens, ha destacado la necesidad de enviar una fuerte señal de mayor disciplina fiscal ante la caída del crudo.

En estas condiciones y ante la posibilidad de que la fuerte y prolongada depreciación del peso comience a tener impacto en el proceso interno de formación de precios, el Banco de México (Banxico) podría adoptar medidas monetarias de mayor alcance que las tomadas hasta ahora, consistentes en replicar en el objetivo d la tasa de fondeo gubernamental del mercado interbancario los incrementos en la tasa de referencia de la Fed.

*Arnulfo Rodriguez es maestro en Economía (ITAM), Premio Nacional de Investigación Financiera (IMEF) y analista independiente.