Analistas coinciden en que la agenda de erráticas políticas del presidente Donald Trump terminó con la expansión y la estabilidad del mercado accionario de Estados Unidos, el cual concluyó en este marzo una racha de nueve trimestres consecutivos de crecimiento.

El índice Dow Jones terminó el primer trimestre del 2018 con una pérdida acumulada de 2.3 por ciento, en tanto que el indicador Standard & Poor's cerró el mismo periodo con un retroceso de 1.3 por ciento.

Los declives cortaron un crecimiento que se había extendido durante nueve trimestres, el más largo desde 1997, además de que ponen en duda el avance del mercado accionario para el resto del año.

Analistas apuntan que pese a la incertidumbre que Trump había inyectado al sistema político de Estados Unidos desde su triunfo en las elecciones presidenciales a finales de 2016, los mercados habían mantenido su esperanza en la expansión de las utilidades corporativas.

Tal esperanza radicaba en una reforma fiscal que recortara impuestos para las empresas, y en menores regulaciones. Ambos condiciones ya han sucedido, lo que ha dejado a los inversionistas con la vaga esperanza de un plan de infraestructura que pudiera inyectar capital a la economía.

Sin incentivos económicos claros en el horizonte, el mercado se ha concentrado en las políticas de gobierno de Trump, que presentan una constante amenaza para industrias y sectores, los que pueden verse afectados de un día para otro por decisiones repentinas de la Casa Blanca.

De acuerdo con el sitio de información Axios, analistas de Wall Street opinan “que el impulsivo involucramiento de Trump en varios temas ha comenzado a afectar la psicología del mercado. Los fundamentos de la economía y el desempeño corporativo son sólidos. Pero él es el factor X”.

Por su parte, Neil Irwin, investigador del diario The New York Times, declaró que “parece que los mercados se están acomodando a un nuevo ritmo en el que las noticias modestas generan cambios enormes en los precios, ya sea para las empresas de tecnología o vulnerables a una guerra comercial”.

Irwin estimó que se ha evaporado la suposición entre los inversionistas de que los sólidos fundamentos de la economía de Estados Unidos y sus optimistas expectativas de crecimiento, son suficientes para apuntalar el avance del mercado e ignorar las decisiones de Trump.

La conducción errática de Trump incluye constantes modificaciones en la composición de su gabinete y la intensificación de los temores de que medidas proteccionistas inicien una guerra comercial con China y el resto del mundo.

A esa incertidumbre comercial y política se suman temores geopolíticos, entre los que destacan las renovadas tensiones con Rusia, que presagian una nueva Guerra Fría, y el riesgo de una confrontación nuclear con Corea del Norte, instigada por un gabinete cada vez más proclive a las soluciones militares.

Tal incertidumbre es reflejada en el indicador Cboe VIX, conocido también como “índice del miedo”, que aumentó 81 por ciento en el primer trimestre del año, su mayor avance desde 2011 cuando calificadoras redujeron el grado de inversión de la deuda de Estados Unidos.

Además de Trump, la era del “dinero barato”, representado por las bajísimas tasas de interés de referencia en Estados Unidos, ha llegado a su fin. La Reserva Federal ha iniciado su política de normalización monetaria y suma ya cinco incrementos en la tasa de interés desde diciembre de 2015.

Greg Ip, del diario The Wall Street Journal, escribió este viernes que analistas culpan de la reciente volatilidad del mercado a la inflación, las tasas de interés, los problemas de Facebook, la rotación dentro de la Casa Blanca y las medidas comerciales.

Sin embargo, puntualizó Ip, “puede ser simplemente que años de calma sobrenatural, inducidos por las tasas de interés bajísimas y simbolizadas por el bajo 'índice del miedo', ya han terminado”.