La inflación de marzo registró una tasa anual de 3.73%, que representa una significativa reducción en relación con la tasa de 3.87% observada en febrero.

Este dato, además de representar una sorpresa positiva para el mercado, apuntala la percepción de que el repunte de la inflación en el último trimestre del 2011, originado por el impacto que la grave sequía en el norte del país tuvo en los precios de productos agropecuarios, comienza a quedar atrás.

Por el efecto de menores precios agrícolas y la entrada en vigor de subsidios al consumo de energía eléctrica en el norte del país, los meses de marzo, abril y mayo tienden a mostrar, a manera de regularidad empírica, una baja en la inflación no subyacente que incide de manera favorable en el resultado de inflación general. En esta ocasión, además, la inflación subyacente anual presentó un descenso al pasar de 3.37% en febrero a 3.31% en marzo, descenso que nuestros economistas atribuyen a un menor crecimiento en los precios de servicios turísticos y alimentos procesados. Sobre la relevancia de este movimiento, cabe recordar lo siguiente:

1. Es la inflación subyacente la que refleja las verdaderas condiciones de demanda agregada en la economía; esto porque los precios que componen el denominado índice no-subyacente suelen verse afectados por choques climatológicos en el caso de productos agrícolas, o por la política de precios del gobierno en el caso de la energía eléctrica y la gasolina.

2. Por lo establecido en el punto anterior, la inflación subyacente tiende a ser un buen pronóstico de la inflación general, por lo que un descenso de la primera suele anticipar, a lo menos, estabilidad en la segunda.

3. Toda vez que el Banco de México toma en consideración la inflación subyacente como uno de los referentes importantes de su política monetaria, un descenso de la misma apoya la tesis de inamovilidad en la tasa de fondeo gubernamental a un día que el banco central utiliza como tasa de referencia para instrumentar su política monetaria. Lo anterior favorece la estabilidad, sino es que el descenso, en el resto de las tasas de bonos gubernamentales para diferentes plazos.

En lo que va del año y hasta el miércoles pasado -es decir, antes del anuncio de un buen resultado en la inflación de marzo-, el rendimiento total efectivo del mercado de bonos gubernamentales a tasa fija, integrado por la revaluación de los títulos y por el pago de sus intereses, era de 2.95% y de 4% en los plazos más largos; estas tasas efectivas equivalen a tasas de rendimiento anual de 11.6 y 16%, respectivamente. El descenso de la inflación en marzo abre el camino para nuevas bajas en las tasas a plazos largos y mayores ganancias por revaluación de los instrumentos.

Por último, una nota de atención sobre el riesgo que representan para el mercado de bonos M los movimientos en las tasa de la nota del Tesoro de EU a 10 años. Durante el primer trimestre del año el T-Note a 10 años cotizó tasas en dólares que fluctúan dentro del rango de 1.80 a 2.10% anual. Sin embargo, ante la recuperación del mercado laboral en ese país, en los últimos meses el nuevo rango de cotización del T-Note 10 parece ser de 2.20 a 2.40% anual. Mayores alzas de esta tasa pueden presionar el tipo de cambio y obstaculizar el descenso de las tasas locales. Afortunadamente, no hay indicios de presiones inflacionarias en EU que permitan valorar una alza abrupta en las tasas de treasuries.

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