El miedo aumenta, el dinero se fuga de España a otros países de la zona euro. No se va, claro está, a los que están peor -o totalmente rescatados-, como Irlanda, Portugal y Grecia, ni tampoco a aquellos en los que el futuro también es incierto, como Italia o Bélgica. Los últimos datos de la balanza de pagos nacional certifican la huida de capitales a ritmos nunca vistos, incluso superiores a los de la quiebra de Lehman Brothers.

El vuelo hacia la calidad lleva produciéndose conforme fueron estallando las diferentes crisis. Primero fue la financiera, por la proliferación de activos tóxicos de bancos del otro lado del Atlántico; después viajó por tierra, mar y aire al viejo continente; la tercera entrega pasó factura a la economía real a ambos lados del Atlántico, y la cuarta fase, que afecta de momento casi exclusivamente a la zona euro, tiene que ver con los problemas de la deuda pública y la incapacidad política de dar una solución global a la crisis.

La enésima mala noticia es que la espiral del miedo a la que están sometidos los inversionistas, y de la que sacan partido los especuladores, provoca reacciones descontroladas. Varios analistas apuntan con el dedo a la deuda alemana, el adorado bund del único país que de momento está sacando partido de la delicada situación que se vive en los mercados de deuda.

El estatus del país de Angela Merkel, que conserva sin mayores problemas la triple A por parte de todas las agencias de calificación, es tan privilegiado que ha llegado a financiarse a tipos de interés negativos en las letras a corto plazo. Mientras, la rentabilidad de sus bonos a 10 años llegó a situarse por debajo de 1.2% el 1 de junio. Un precio de risa si tenemos en cuenta que hoy mismo Italia se ha visto obligada a prometer casi el cuádruple para colocar letras a 12 meses.

Un poco más hacia el sur, España e Italia saben que cada subasta de deuda que hagan puede ser la última, aquella en la que el mercado diga basta y les cierre definitivamente las puertas. Los países periféricos repelen a los inversionistas y sólo los bancos nacionales acuden a la cita, con la respiración asistida de la liquidez del BCE. Alemania, en cambio, tiene cada día más imán.

Y eso tiene su riesgo, porque la rentabilidad de la deuda se mueve en sentido inverso a los precios. Es decir, cuanto menor sea el interés, mayor será el precio. Desde hace dos años y, sobre todo, desde la vuelta del verano pasado, los inversionistas han huido en masa al bono alemán y los precios se han disparado. ¿Es sostenible? Lo bueno de la deuda soberana, y más si la emite Alemania, es que si se aguanta al vencimiento la recuperación de lo invertido está garantizada. El riesgo lo sufre quien quiera su dinero a medio camino. Si el activo está sobrevalorado, cualquier cambio de tendencia puede reventarlo. ¿Hay riesgo de que eso sea así?

En general, los analistas muestran cierto consenso sobre el excesivo precio al que ha llegado el bono alemán. No hablaría de burbuja, pero nosotros creemos que está caro y que hay otras opciones , explica Tomás García-Purriños, analista de Economía y Estrategia de Cortal Consors. Recomendaríamos más la compra de deuda corporativa o de bonos de alto rendimiento. Con cuidado y bien elegidos, han subido menos y tienen más recorrido , añadió.

Miguel Paz, director de Gestión de Unicorp Patrimonio, es más rotundo: Parece clara la existencia de una burbuja en el bund alemán, aunque, como todas las burbujas, ninguna se admite hasta que no se pincha . Los hechos son incuestionables. La rentabilidad del bono teutón a una década ha llegado a caer más de 200 puntos base en poco más de un año: en la primavera del 2011 pagaba alrededor de 3.5 por ciento.

La situación puede llegar a un punto del todo insostenible, si es que no se ha llegado ya a él. Pimco, la mayor gestora de renta fija en el mundo, ha comenzado a alertar del riesgo de que se haya creado una burbuja con la deuda alemana. No sólo eso: ha empezado a vender para reducir su exposición.

Ahora, lo que hay que ver es cómo se sale del atolladero. Alemania tendrá que echar cuentas y calcular si le sale más barato terminar de construir la zona euro o destruirlo todo. Esto último no es probable, de manera que lo lógico es que acepte los eurobonos. Esta decisión tendría un efecto instantáneo en la deuda de los países periféricos, que se relajaría, y también en la alemana, que volvería a niveles más racionales, en el entorno de 2.5% , indicó Miguel Paz. Y eso ya de por sí implicaría pérdidas para los inversionistas, incluso aunque el estallido de la burbuja no fuera brutal. Si la rentabilidad sube desde 1.5% actual a 2.5%, por ejemplo, la minusvalía latente se situaría en el entorno de 6 por ciento. Si volviera al nivel de 4.5% previo a Lehman, la caída del precio rozaría 16 por ciento.

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