Después de pasar un año y medio enojando a nuestros amigos, castigando a nuestros agricultores y fabricantes con aranceles, muchos de ellos devastadores, y fracturando la alianza que con tanto esfuerzo habíamos construido para aislar y presionar a China, finalmente obtuvimos un nuevo acuerdo comercial.

Sin embargo, lo acordado por los tres países se parece mucho a dos acuerdos: el TLCAN y el TPP.

El domingo por la noche llegó la noticia de que Canadá aceptó los términos del Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica renegociado. No sólo renegociado: ¡renombrado! El que alguna vez fue el TLCAN, fácilmente pronunciable, ahora se le llamará Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá, o USMCA.

¿Cuál fue la razón por la que se le cambió el nombre? Se sabe que Donald Trump ama los cambios en los nombres de las marcas. Algo más, USMCA tiene la virtud de poner a Estados Unidos en primer lugar. Curiosamente, el texto del acuerdo recién publicado, menciona de manera reiterativa la palabra TLCAN 2018 (NAFTA 2018, por su sigla en inglés). Es probable que a alguien se le haya olvidado cambiarlo por USMCA.

Sobre los últimos elementos acordados entre Canadá y Estados Unidos (y que también afectarán a México) destacan dos. El USMCA abre de manera parcial el mercado de leche en Canadá a los agricultores estadounidenses y otorga a las compañías farmacéuticas estadounidenses dos años más de “protección de mercado” frente a la competencia de genéricos canadienses. Los aranceles estadounidenses sobre el acero y el aluminio siguen vigentes.

Pero al aceptar los términos del nuevo acuerdo, Canadá evitó los escenarios apocalípticos que habían estado rodeando al país durante meses, en particular la amenaza de Trump de aplicar aranceles punitivos a las importaciones de automóviles que habrían provocado importantes consecuencias económicas. Canadá también presionó con éxito para mantener intacto un proceso especial de disputas, llamado Capítulo 19.

El fantasma de Obama

A pesar de la afirmación de Trump de que lo pactado por los tres países “se trata de un acuerdo completamente nuevo”, el presidente casi siempre mantuvo intacto el TLCAN.

Además, algunos de los cambios más significativos, relacionados con temas como las normas laborales, las protecciones ambientales y el comercio electrónico, parecen provenir de otro acuerdo comercial que Trump ha demonizado: la Asociación Transpacífica (TPP).

El presidente Barack Obama negoció el TPP, un pacto entre 12 países, incluidos Canadá y México, como parte de su propia promesa de “renegociar el TLCAN”. El TPP también formó parte de una estrategia de Obama para evitar que China escriba la ruta de navegación sobre el comercio.

China fue excluida deliberadamente del pacto, y en el mismo se cimentó una coalición de países que habían sido heridos por el mal comportamiento de China. Trabajando juntos, estas víctimas del comercio esperaban presionar a China para que se reformara.

Una de las primeras decisiones que tomó Trump a su llegada a la Casa Blanca fue retirarse del TPP. Poco después seleccionó peleas comerciales innecesarias con países pertenecientes al TPP con los que previamente Estados Unidos había tratado de desarrollar una causa común.

La suma de dos acuerdos

Ahora Trump parece haberse dado cuenta de su error. El acuerdo USMCA es, en su mayoría, sólo una mezcla de dos acuerdos comerciales que él ridiculizó como los peores acuerdos comerciales jamás pactados, como señala la profesora de la Escuela de Negocios de Dartmouth Tuck, Emily Blanchard.

Por ejemplo, el acuerdo que remplazará al TLCAN incluye “protecciones contra la apropiación indebida de secretos comerciales, incluso por parte de empresas estatales”, uno de los principales pecados comerciales de China. Del mismo modo, también hay un lenguaje diseñado para desincentivar a los signatarios del TLCAN 2.0 de hacer acuerdos de libre comercio con países “no de mercado”, que se entiende ampliamente como China.

En otras palabras, Trump ha generado una fuerte destrucción en su recorrido comercial, todo para volvernos a ubicar prácticamente en el viejo TLCAN y en el nuevo TPP.

Por ejemplo, las nuevas reglas de productos lácteos negociadas entre Estados Unidos y Canadá hacen eco de lo que Canadá ya había ofrecido bajo la Asociación Transpacífica, dijo Pierre Martin, politólogo de la Universidad de Montreal.

Algunas de las destrucciones son las tarifas de acero y aluminio, y las medidas de represalia que, a pesar del anuncio del domingo, continúan vigentes, aunque pueden ser reversibles. Pero el daño a nuestra reputación como socio comercial confiable y aliado puede ser irreparable.

La aportación de Trump no es revolucionaria

El presidente Trump definió al nuevo acuerdo comercial como “el mayor acuerdo comercial en la historia de los Estados Unidos”, uno que devolverá los empleos perdidos, desalentará la futura subcontratación de trabajo de fábrica y “enviará efectivo y trabajos a la Estados Unidos”.

Pero muchos economistas y expertos en comercio dicen que el pronóstico del presidente puede resultar demasiado optimista.

“Éste no es un trato revolucionario. Es una modificación de un acuerdo que ya está vigente”, dijo Eric Winograd, economista senior de AllianceBernstein, una firma de inversión. “El impacto económico total será muy pequeño. No espero que impulse la economía de Estados Unidos”.

El clima de incertidumbre pudo haber frenado inversiones, por lo que el nuevo acuerdo quizás podría agregar una décima de punto porcentual a la tasa de crecimiento de la economía estadounidense en el 2019, dijo Chris Rupkey, principal economista financiero de MUFG Union Bank.