Barcelona. El doctor en Historia Contemporánea Enric Ucelay-Da Cal (Nueva York, 1948) se muestra pesimista sobre el futuro de Cataluña y considera que la incertidumbre seguirá tras la sentencia del juicio que, hasta hace un mes, sentó en el banquillo de los acusados del Tribunal Supremo a buena parte de los impulsores de la “revolución”que supuso la votación ilegal del 1-O y de una Declaración Unilateral de Independencia que ningún país del mundo reconoció.

“El procés se va a enquistar: con altos y bajos, pero seguirá allí”, concluyó Ucelay-Da Cal en la XXII edición del Foro Catalunya en Expansión. En su intervención, el académico pronosticó que la tensión con el Estado continuará, aunque también enumeró varios elementos que, a medio plazo, podían favorecer una recomposición del mapa político catalán.

“No sé cuánto tiempo se puede mantener este estado de excitación permanente”, dijo Ucelay-Da Cal, quien contrapuso la apuesta por la confrontación que desde el 2012 han hecho los partidos independentistas con las “lecciones de tranquilidad” del PNV.

El catedrático emérito apreció que hay “cansancio” entre la opinión pública. También recordó que la sociedad catalana históricamente siempre ha sido “muy dada a las novedades”, por lo que el bloque secesionista podría tener dificultades si su única respuesta es cronificar su pulso al Estado.

Populismo iliberal

Para la profesora de Ciencia Política de la Universitat de València, Astrid Barrio, una singularidad del caso catalán en relación a otros populismos es que el promotor del discurso “iliberal” no ha sido un partido de la oposición para asaltar el poder. Lo ha hecho la extinta CiU (Convergència i Unió), la formación que durante más años ha gobernado las instituciones autonómicas desde la recuperación de la democracia. Lo ha hecho, según Barrio, para seguir al frente de las instituciones, aunque por el camino ha sufrido un fuerte desgaste.

Para el catedrático Antonio Zabalza, Cataluña está a día de hoy en manos de un “populismo institucional” y el pulso contra el Estado que ha puesto en marcha ha supuesto un “precio muy alto”, como la ruptura de la cohesión social, la fuga de empresas y una ralentización del crecimiento económico.

El presidente de los laboratorios Isdin, Marian Puig, consideró que, históricamente, el catalanismo se había caracterizado por su tono “amable”. Por el contrario, el actual secesionismo es “más destructivo”, dogmático, polarizador e incluso “muy medieval”.

Según Ucelay-Da Cal, el independentismo ha sabido penetrar muy bien en determinadas capas de la sociedad catalana por ser “una muestra perfecta de pensamiento mágico”.