Tegucigalpa.- La entrega de cuerpos del voraz incendio que destruyó esta semana parte de una cárcel en Honduras, donde murieron más de 350 reos asfixiados o quemados, avanzaba lentamente, mientras arrecian la críticas sobre la grave sobrepoblación del sistema penitenciario.

En la pequeña morgue de Tegucigalpa y con asistencia de expertos extranjeros, los forenses habían entregado sólo 12 cadáveres a sus familiares, de 16 identificados hasta la tarde del viernes, mientras aumentaba el olor putrefacto de los cuerpos.

La mayor parte de los cadáveres sin identificar permanecía en un contenedor con sistema de frío que sin embargo no era capaz de impedir su descomposición.

"Se ha cerrado el acceso al área de la morgue donde se trabaja, en parte debido a la fetidez que se siente en la zona por los cadáveres que están aún en un contenedor refrigerado", dijo a Reuters el portavoz del ministerio público, Melvin Duarte.

Los cientos de familiares de los fallecidos que reclaman la entrega de sus restos fueron reubicados en su mayoría en un campamento a unos cuatro kilómetros de la morgue, que está rodeada con vallas metálicas.

Duarte dijo que está previsto habilitar un sitio en la Facultad de Medicina para instalar otras 16 mesas para avanzar con las autopsias.

"Estoy desesperada porque aquí no nos dan ninguna información, sólo nos dicen que esperemos, que nos van a llamar", dijo Damari Cáceres, de 25 años, quien perdió a dos hermanos en el incendio, unos de los peores ocurridos dentro de una prisión en Latinoamérica.

"Yo quería a mis dos hermanos, amaba a mi hermano gemelo. Yo los iba a visitar todos los domingos, nunca imaginé que murieran como murieron", agregó.

REOS ATRAPADOS

El penal de Comayagua, situado a unos 75 kilómetros al norte de Tegucigalpa, se prendió fuego el martes por la noche y ardió hasta la madrugada del miércoles con un saldo de muertos de al menos 355 reos y la mujer de uno de ellos.

La cifra de fallecidos aumentó el viernes a 356 después del deceso de un reo que era atendido en un hospital de la capital.

Muchos de los presos murieron gritando por auxilio entre las llamas y otros asfixiados. Sobrevivientes que lograron escapar o se salvaron rompiendo los techos de las celdas dijeron que los custodios no hicieron caso a los llamados de que abrieran los candados para poder salir.

Cáceres vive cerca del penal y relató que durante el incendio vio a la distancia a policías disparando mientras reos gritaban "abran el portón".

Los bomberos tardaron media hora en entrar a la prisión, un penal tipo granja, debido a que los policías no les abrieron temiendo una fuga masiva, dijeron autoridades de ambos cuerpos.

Equipos de forenses de Chile, México y El Salvador se han incorporado a las tareas de identificación, mientras expertos de Estados Unidos trabajan en Comayagua en la investigación de las causas y el origen del incendio, dijo Duarte.

Las hipótesis incluyen un posible cortocircuito en la prisión o que un reo podría haber prendido fuego a un colchón.

La prisión, construida con capacidad para 400 presos, albergaba más de 800 en el momento del incendio, situación que se repite en otras cárceles del empobrecido país centroamericano, azotado por la violencia de los cárteles de la droga mexicanos y las pandillas o "maras".

Naciones Unidas pidió el viernes una investigación independiente sobre el incendio en la cárcel en Honduras y denunció lo que describió como una oleada de violencia en las prisiones de Latinoamérica alimentada por las malas condiciones y el hacinamiento.

MIF