Buscar
Geopolítica

Lectura 3:00 min

Pedro Sánchez se ríe de la separación de poderes

El presidente Pedro Sánchez ha legado a la historia una nueva forma de gobernar, tal vez impetuosa pero no precisamente ética. La utilización del Falcon para ir a un concierto, aderezado con una agenda de relleno, era sólo un adelanto de mala práctica. Son gestos poco presentables, que se ocultan y que generalmente no tienen continuidad. Lo mismo se puede decir de la utilización del CIS. Quién más quién menos ha tenido un cocinero a su servicio, aunque no se ha visto nadie que abusara tanto del curry. Lo de Tezanos comentando a la audiencia la encuesta y haciendo interpretaciones políticas en campaña supera cualquier frontera establecida.

Y en este sentido, qué decir de la televisión pública española. Sorprende que un presidente en activo se otorgue tanta cobertura para su libro —ninguno antes osó ir tan lejos como para escribir algo sin tener nada que contar— o aproveche la casi convocatoria de elecciones para soltar un mitin. Nadie antes hizo excursiones por los cementerios en prime time reescribiendo la historia como si fuera un eslogan de campaña. Nunca un líder perpetró con tanto descaro tantas cosas inapropiadas, y menos en tiempo de descuento.

Todos los presidentes tuvieron una dosis de recato al aprovecharse de los medios del Estado, y con más razón cuando los ciudadanos estaban de una u otra forma convocados a las urnas. En cualquier estado moderno existe la separación de poderes y eso implica que las leyes las debe hacer el Legislativo. Sólo cuando se dan razones extraordinarias puede saltarse esta norma. Son casos tasados que requieren la actuación de ese retén del Estado para ejecutarse. Lo terrible es cuando la excepción se convierte en la regla general. Y eso es lo que está pasando.

Con la excusa de que el gobierno va a trabajar hasta el último día, lo que está haciendo es usurpar la función del Legislativo. Ya está mal que se abuse de la figura del Decreto Ley cuando las cortes están constituidas, pero lo que no tiene presentación es hacerlo también con el Parlamento disuelto. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, afirmó  que “todas las medidas son de extrema necesidad y urgencia para resolver problemas cotidianos”. En su propia declaración está implícita la contradicción. Si son problemas cotidianos, es decir, que se repiten todos los días, no tienen nada de extraordinario. Las propias exposiciones de motivos reflejan ese abuso.

El recurso a la Diputación Permanente para seguir con la actividad legislativa sin el Parlamento no es un avioncito ni un gratis total. No es un escarceo ni un no sabe usted con quién está hablando. Es un pasar por encima del Estado Democrático de Derecho y de la división de poderes y si mal está hacerlo con una amplia representación, peor es practicarlo con 84 diputados. No parece creíble que estos mecanismos estén recogidos en la Constitución para la finalidad que están siendo utilizados. Da la sensación de que lo que Montero identifica con problemas urgentes de los ciudadanos —también han hecho la misma interpretación otros ministros y secretarios de Estado— son en realidad necesidades urgentes del presidente para captar hasta el último voto en las próximas elecciones. Es legítimo querer ganar. Lo que no lo es tanto es hacerlo dando martillazos en los pilares fundamentales del Estado de Derecho. El fin no justifica los medios.

Temas relacionados

tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete