Estambul. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, inauguró en Estambul un nuevo aeropuerto, llamado a convertirse según el gobierno en “el más grande del mundo”, y símbolo de los megaproyectos de infraestructuras que transformaron Turquía desde su llegada al poder.

“Espero que el aeropuerto (...) sea beneficioso para nuestra región y para el mundo”, declaró Erdogan durante una pomposa ceremonia, añadiendo que su nombre será Estambul.

“Estambul no sólo es el nombre de la mayor ciudad de nuestro país, también de su marca más importante (...) Es por ello que hemos dado el nombre de Estambul a esta gran obra”, precisó el mandatario.

Dirigentes de países de los Balcanes y de Asia Central, así como el emir de Catar, jeque Tamim bin Hamad Al Thani, y el controvertido presidente de Sudán, Omar el Bashir, acusado de genocidio por la Corte Penal Internacional, estuvieron presentes en la ceremonia.

La nueva infraestructura, que sustituirá al aeropuerto internacional Atatürk, saturado, tendrá en un primer momento capacidad para 90 millones de pasajeros al año. Así, pasará a formar parte de los cinco primeros aeropuertos mundiales.

El presidente Erdogan siguió de cerca su construcción, en la orilla europea de Estambul, cerca del mar Negro, marcada por los retrasos y por una huelga de los obreros, que pedían mejores condiciones de trabajo.

Objetivo: 200 millones de pasajeros

Cuando terminen las cuatro fases de construcción y de expansión, hacia el 2028, el aeropuerto tendrá seis pistas y dos terminales en un gigantesco espacio de 76 km cuadrados.

El nuevo aeropuerto podrá acoger entonces hasta a 200 millones de pasajeros al año. Es decir, casi el doble que el aeropuerto estadounidense de Atlanta, que ocupa en la actualidad el primer puesto, con 103.9 millones.

El edificio, que costó 10,500 millones de euros, es de tipo futurista, con paredes acristaladas, líneas curvas y equipos de última generación.

Junto con el tercer puente sobre el Bósforo y el túnel bajo el mismo estrecho, inaugurados en el 2016, el aeropuerto forma parte de los grandes proyectos de infraestructuras ardientemente defendidos por Erdogan, que quiere transformar Turquía para el centenario de la República, en el 2023.