Pyongyang.- El número uno norcoreano Kim Jong-Un fue largamente aclamado el viernes por decenas de miles de personas reunidas en Pyongyang para la inauguración de las estatuas de su padre y su abuelo, apenas horas después del fracaso del lanzamiento del cohete Unha-3.

A los gritos de "Manse" ("Larga vida"), la muchedumbre saludó al menos diez veces al joven dirigente, de menos de 30 años, que el miércoles fue nombrado en las más altas funciones del Partido del Trabajo de Corea y del ejército y que desde el viernes es presidente de la poderosa Comisión de Defensa nacional.

La multitud se había instalado varias horas antes de la ceremonia, poco después de las 18H00 (09H00 GMT), desde la colina Mansu hasta el centro de Pyongyang.

Kim Jong-Un, vestido con un traje negro con cuello de oficial, llegó con paso seguro, encabezando una delegación de 32 altos responsables del Partido, del ejército y del Estado, bajo nutridos aplausos.

Cuando el sol desaparecía detrás del Museo de la Lucha revolucionaria, una orquesta militar interpretó el himno nacional, luego las dos estatuas fueron descubiertas, saludadas por fuegos artificiales y lanzamiento de cientos de globos.

De 20 metros de altura, las dos esculturas representan a la izquierda al presidente Kim Il-Sung, de traje, corbata y abrigo, con el brazo derecho levantado hacia el este, y a la izquierda su hijo Jong-Il, con el brazo izquierdo sobre la cadera, vestido con blusón tradicional y abrigo.

El país se prepara para celebrar el domingo en gran pompa el centenario del nacimiento de Kim Il Sung, héroe de la lucha contra Japón y fundador de la República Popular Democrática de Corea, fallecido en 1994.

La estatua fue erigida en 1972 en el mismo lugar, pero a la muerte de su hijo y sucesor Kim Jong Il, en diciembre pasado, fue fundida y vuelta a hacer para que ambas estatuas tuviesen la misma pátina, colocadas una al lado de la otra.

La célebre estatua delante de la cual millones de norcoreanos vienen a rendir homenaje fue reconstruida idéntica a la anterior, salvo en un detalle: el héroe lleva ahora gafas como su hijo.

En una puesta en escena perfecta, los participantes colocados en las primeras filas comenzaron a subir lentamente las gradas que llevan a la explanada, cargados con cestos de flores multicolores que depositaron al pie de las estatuas, en tanto la orquesta tocaba música fúnebre.

El organizador de la ceremonia llamó luego a la multitud a inclinarse y a respetar un minuto de silencio en memoria de los dos dirigentes difuntos de la única dinastía comunista en el mundo.

El presidente de la Asamblea Nacional suprema, Kim Yong-Nam, que ejerce igualmente la función de jefe del Estado protocolar del régimen, hizo uso de la palabra para rendir homenaje a los difuntos.

"Damos testimonio a nuestros grandes dirigentes difuntos de la estimación que tenemos para ellos con estas estatuas erigidas en la colina Mansu (...) para marcar el Día del Sol", como se denomina el día del cumpleaños de Kim Il-Sung, el 15 de abril, dijo.

Al terminar el discurso, el número uno norcoreano fue calurosamente aplaudido y cuando se disponía a abandonar la explanada, volvió sobre sus pasos, para aplaudir con las manos en alto, a la multitud reunida y que coreaba "Manse" agitando ramos de flores artificiales.

apr