En el estira y afloja entre Estados Unidos y Corea del Norte sobre la cumbre tentativa en Singapur, el presidente surcoreano Moon Jae-in es el hombre que más trabaja por una solución diplomática entre ambos países. El papel de Moon como mediador se hizo evidente la semana pasada, luego de que el presidente Trump cancelara el pasado jueves la esperada cumbre con el líder norcoreano, Kim Jong-un, prevista para el 12 de junio.

Tras esa noticia abrupta, Kim intentó reabrir las conversaciones y se acercó a Moon. En menos de 24 horas, la caravana de vehículos del presidente surcoreano cruzó la zona desmilitarizada para una reunión con su homólogo norcoreano.

Tras esa reunión, un equipo de funcionarios de EU altamente especializados se reunió en el lado norte de la frontera intercoreana con figuras clave del régimen para organizar la esperada cumbre.

El hecho de que las conversaciones se reanudaran un día después de la sorpresiva reunión intercoreana fue visto por los partidarios de Moon como una señal de su papel cada vez más efectivo. Moon se comprometió durante su campaña del 2017 a tomar el “asiento del conductor” para lograr la desnuclearización de Corea del Norte.

De hecho, el propio Moon podría viajar a Singapur en junio para celebrar una cumbre trilateral con Kim y Trump, admitió la oficina presidencial surcoreana, al añadir que la decisión dependerá de las actuales conversaciones que mantienen las delegaciones.