Miles de personas salieron a las calles de Varsovia la noche de este viernes para protestar contra la entrada en vigor de un polémico fallo que prohíbe prácticamente el aborto. Hubo manifestaciones en otras ciudades polacas por tercera noche consecutiva desde la publicación el miércoles de la sentencia del Tribunal Constitucional en el Diario Oficial.

Por deseo de la coalición de derecha ultracatólica en el poder, esta sentencia prohíbe la interrupción voluntaria del embarazo en caso de anomalías fetales. A partir de ahora queda prohibido cualquier aborto, salvo en caso de violación o de incesto o cuando la vida de la madre corra peligro.

"Mi cuerpo, mi elección", "Yo pienso, yo siento, yo decido", "La revolución tiene un útero", "Tienes sangre en las manos", proclamaban las pancartas de los manifestantes en Varsovia, donde miles de personas respondieron a la convocatoria de la Huelga de las Mujeres, el principal movimiento que organiza las protestas..

Muchos manifestantes llevaban mascarillas adornadas con un rayo rojo, el símbolo de los activistas proaborto. Llamaban a "abortos bajo pedido" y advertían al gobierno de que será "abolido por las mujeres", todo ello al son de los tambores.

Algunas llevaban pañuelos verdes alrededor del cuello, el símbolo de los activistas del derecho al aborto en Argentina que consiguieron que se legalizara en su país el mes pasado.

En Varsovia la manifestación terminó sin incidentes frente al domicilio de Jaroslaw Kaczynski, el líder del partido Ley y Justicia (PiS) en el poder, protegido por un impresionante dispositivo policial. Después de un "festival de la libertad" con canciones, bailes y lemas, los organizadores pidieron a los manifestantes que volvieran a casa.

Está previsto que las protestas se suspendan durante el fin de semana en Polonia, un país con una población mayoritariamente católica que ya cuenta con una de las leyes más restrictivas de Europa en materia de aborto.

En la actualidad hay menos de 2,000 abortos legales cada año, según datos oficiales. Pero las organizaciones feministas estiman que anualmente se realizan cien veces más, unos 200,000, de forma ilegal o en el extranjero.