Rusia es dura con sus hijos y Yelizaveta Petsylya y Anastasia Korolyova decidieron, a la edad de 14 años, finalmente hacer lo que otros miles de jóvenes rusos han hecho. Sólo había una forma de ejercer control sobre sus vidas y ésa era acabar con ellas.

Rusia tiene la tercera tasa más alta de suicidios de adolescentes en el mundo, justo detrás de sus vecinos, Bielorrusia y Kazajstán. En un día promedio, alrededor de cinco rusos menores de 20 años se quitan la vida.

Los psiquiatras y expertos en salud de este país saben por qué sucede. El abuso de alcohol, la violencia doméstica y la crianza rígida juegan un papel importante. Muchos padres esperan una obediencia ciega. La conformidad social se aplica estrictamente, sobre todo fuera de las grandes ciudades. El aislamiento es un problema enorme en un país tan grande. Es poco probable encontrar un lugar para acudir en busca de ayuda, pero incluso si lo hubiera es casi imposible que las familias admitan sus fracasos ante personas ajenas.

En la era soviética, el suicidio era considerado una ofensa contra el Estado, el fracaso de un ciudadano para cumplir con su responsabilidad. La psiquiatría se asociaba más a menudo con el castigo que con el tratamiento, lo que dejó un estigma de desconfianza en la atención de la salud mental.

Así, mientras lucharon por lo colectivo, los soviéticos destruyeron el viejo sentido de la comunidad rusa. La intimidación está en todas partes, lo mismo que la soledad.