Nuevo Laredo. Cuando Estados Unidos comenzó a enviar a solicitantes de asilo de origen centroamericano a esperar sus trámites en México, muchos consideraron el peligroso estado del noreste de Tamaulipas como el peor escenario para hacerlo.

El Departamento de Estado advierte a sus ciudadanos sobre el riesgo que implica viajar a Tamaulipas, y lo hace situándolo en el mismo nivel de riesgo que designa a Siria y Afganistán.

Médicos sin Fronteras informó que 45% de sus pacientes que han visitado recientemente esta ciudad, han sido inmigrantes que han “sufrido al menos un episodio de violencia” mientras esperaban para cruzar la frontera de Estados Unidos.

El pasado martes por la mañana, Estados Unidos envió a los primeros 12 migrantes de regreso a Tamaulipas. Las autoridades mexicanas desalojaron al grupo de la oficina de inmigración de Nuevo Laredo sin ningún tipo de transporte o asistencia.

“¿A donde vamos?”, preguntó José Luis Romero, de 31 años, quien huyó de Venezuela con su esposa y sus dos hijos, de seis y ocho años de edad.

La familia había esperado durante tres meses en Nuevo Laredo antes de que los funcionarios de EU los llamaran el lunes por la mañana para llevarlos a Laredo, Texas, al otro lado de la frontera. El martes, después de sus entrevistas, sin previo aviso, fueron enviados de regreso a la frontera con sus hijos. Su próxima fecha de entrevistas programadas será el 24 de septiembre.

“Nadie nos dijo que nos enviarían de vuelta aquí para esperar”, dijo Romero.

Algunos inmigrantes que han salido de los albergues en busca de alimentos o trabajo han sido robados o secuestrados.

“Me dijeron que no hablara con nadie por mi acento, que no abandonara el refugio porque somos objetivos”, comentó Luis Romero.