Roma. El presidente italiano, Sergio Mattarella, decidió bloquear el nacimiento del primer gobierno populista en uno de los países fundadores de la Unión Europea, con un veto que sorprendió al mundo, pero no a sus compatriotas.

Al rechazar la elección de un ministro, candidato de la mayoría parlamentaria vencedora de las elecciones legislativas, cuyo resultado nadie cuestionó por su carácter democrático, Europa quedó desconcertada.

En los regímenes parlamentarios, el jefe de Estado tiene pocos poderes, ya sea un monarca, como en el Reino Unido, o el presidente como en Alemania.

El caso del presidente de Italia no es una excepción. Sin embargo, en un país que ha tenido 64 gobiernos en 72 años, su papel de árbitro resulta clave.

En un editorial, el diario La Repubblica, considera que si Mattarella, un experto en la Constitución, hubiera aceptado el Ejecutivo propuesto por los populistas hubiera sido acusado de “haberse rendido, de haber cedido a las amenazas, de haber quebrado el equilibrio entre los poderes del Estado”, escribió el rotativo cercano al Partido Democrático.

Hasta ahora su papel de árbitro equilibrado ante las crisis había sido elogiado y su imagen se había fortalecido.

Defensor de la austeridad

Mattarella designó este lunes al economista Carlo Cottarelli, exfuncionario del Fondo Monetario Internacional (FMI) y defensor de la austeridad, como jefe de gobierno, quien anunció que dirigirá Italia hacia nuevas elecciones “a más tardar” a inicios del 2019.

“Voy a presentarme ante el Parlamento con un programa que, si obtengo la confianza, prevé sólo la aprobación de la ley de presupuestos, tras lo cual se disolverá para celebrar elecciones a más tardar a inicios del 2019”, anunció Cottarelli.