Estocolmo. Un partido de origen neonazi obtuvo sus mejores resultados electorales el domingo pasado en Suecia (18% de los votos). La receta que utilizó se repite en varias partes de Europa: un partido de extrema derecha aprovecha los miedos de una mayoría blanca en un país que ha visto crecer en los últimos años la llegada masiva de refugiados.

A través de discursos falsos con la clara intención de polarizar a la sociedad, la pregunta que se hace todo sueco es: ¿de qué manera la extrema derecha pudo haber llegado aquí?

La pregunta tiene varias respuestas. En el 2015, Suecia recibió el mayor número de refugiados per cápita que cualquier otro país europeo. Otros sugieren que las promesas económicas de sus políticos incentivaron a los votantes de la extrema derecha a salir a votar.

Pero la mejor forma de entender la manera en que la extrema derecha logró dominar el discurso público durante las elecciones en Suecia, es abordar el metro desde el centro de la ciudad de Estocolmo hasta el suburbio de Husby. El tiempo del trayecto no supera los 15 minutos pero la impresión de que se está viajando 50 años atrás es evidente.

“Se suponía que ese lugar sería el mejor lugar de la Tierra para vivir”, dijo Magnus Duvnas, director de la principal escuela primaria de Husby, apuntando hacia un complejo de viviendas gris fuera de su ventana de su oficina durante una entrevista realizada la semana pasada. “Cuando esas casas se construyeron en la década de 1970, mucha gente quería mudarse aquí”.

¿Una nación dentro de Suecia?

Medio siglo después, las mencionadas áreas habitacionales son rechazadas por los blancos. El distrito fue noticia mundial en el 2013, cuando una serie de actos de violencia sorprendió a Suecia.

De los más de 10,000 residentes de Husby, casi 90% son extranjeros o hijos de inmigrantes.

Para la extrema derecha, Husby y suburbios similares se han convertido en un grito de guerra. Durante sus actos de campaña, los ultras retrataron las áreas como si fueran regiones de otros países donde habitan personajes que no están dispuestos a asimilar la cultura sueca y que, además, viven de manera miserable y con elevadas tasas de criminalidad.

Pero la verdad es mucho más compleja. Durante medio siglo, el mercado fuertemente regulado de vivienda en Suecia ha empujado a los inmigrantes recién llegados hacia barrios cada vez más segregados.

Si bien es cierto que el país encabeza regularmente las clasificaciones mundiales de educación y bienestar, los gobiernos no han abordado el surgimiento de una minoría aislada y desposeída. La segregación ha creado una mentalidad antagónica en la sociedad, con muchos suecos blancos culpando a los migrantes por su fracaso en la integración y los migrantes culpando a los blancos de su rechazo.

Talento infantil

Cuando la doctora estadounidense Lucie Buissereth-Lindner, de 51 años, se mudó a Estocolmo para trabajar como profesora en una escuela de Husby, se sorprendió por la división racial. “Lo que muchos niños experimentan desde el principio es una mentalidad de ‘nosotros contra ellos’”. Tenemos estudiantes muy talentosos, pero muchos se sienten marginados por la sociedad sueca”, comenta a The Washington Post.

Husby fue parte de uno de los proyectos de construcción más ambiciosos de Europa, el Million Program. En medio de una severa crisis de vivienda en la década de 1970, el gobierno sueco levantó ciudades completamente nuevas fuera de las metrópolis para albergar a la clase trabajadora. ¿Con qué objetivo? Para crear “buenos ciudadanos democráticos”.

Pero el entorno fue cambiando al ritmo de la economía. “En algunos distritos, el empleo cayó repentinamente en 50%”, dijo Roger Andersson, profesor de geografía social y económica en la Universidad de Uppsala.

A medida que aumentaron las tasas de delincuencia, los residentes blancos se mudaron de los distritos Million Program. Cuando los inmigrantes comenzaron a llegar al país, a menudo era la única opción disponible para ellos. Los distritos que una vez fueron construidos para separar a la clase trabajadora ahora separaban a los inmigrantes recién llegados del resto de la sociedad.

“Por supuesto, a la larga esto contribuyó al clima de racismo y estigmatización”, dijo Irene Molina, investigadora de la Universidad de Uppsala.

Para el 2008, las estadísticas oficiales mostraron que la segregación racial era generalizada en todo el país.

Cuando Halima, de 15 años, y su amigo de clase de 14 años, Montadar, hablan sobre Husby, mencionan que está “muy bien conectado” y hablan de los “excelentes restaurantes” y conciertos cercanos.

“Por supuesto, hay algo de violencia aquí. Pero tienes lo mismo en el centro de la ciudad”, dice Halima, con un pañuelo gris sobre su cabeza y agarrando el iPad de su escuela. Sus padres vinieron de Eritrea.

“La mentalidad racista podría terminar si la gente viniera aquí”, comenta Halima.