El discurso de Barack Obama en la Convención Nacional Demócrata del 2004 en Boston fue una asombrosa pieza de oratoria. También fue un acto de prestidigitación.

Un candidato del Senado estadounidense de Illinois, Obama, tejió su ascendencia y biografía personal blanco y negro, Kenia y Kansas, Hawai y Harvard dentro de la historia estadounidense de oportunidad, multiplicidad y solidaridad. No rojo contra azul, sino unidad. David Axelrod llama a este discurso una carta de amor a EU.­ En ningún otro país de la Tierra mi historia es posible , declaró Obama, su línea más conmovedora de la noche.

Dos palabras en esa oración son las más importantes. En el tiempo de Obama en la Casa Blanca, su piedra de toque no fue este singular país en la Tierra, cuya política nunca fue capaz de unir. Más bien, es el hombre mismo. Mi historia . Fue una Presidencia preocupada tanto por la excepcionalidad de Obama como por la de Estados Unidos.

Los presidentes modernos a menudo se han confundido con los desafíos y aspiraciones de su época. Hablamos de la mayoría silenciosa de Richard Nixon, el malestar de Jimmy Carter, la mañana de Ronald Reagan en Estados Unidos y las guerras de George W. Bush. Pero con Obama, esta identificación personal ha sido compulsiva, estratégica e incesante. En su manifiesto del 2006, La audacia de la esperanza, Obama se autodenominó un prisionero de mi propia biografía , pero a lo largo de su Presidencia, la biografía también lo empoderaría. Ya sea en la política exterior, las relaciones raciales, la política electoral e incluso, en el sentido de la esperanza y el cambio que prometió, Obama ha convertido su vida y simbolismo en referencia predeterminada y herramienta de uso múltiple de su gobierno.

Una Presidencia personalizada puede ser inspiradora. También puede verse arrogante. Y puede desviar algunas de las regulaciones e instituciones de las que Obama­ habla entusiasmado con frecuencia una propuesta peligrosa cuando el país se prepara para un sucesor impredecible y a la deriva.

La biografía desempeña un papel central en todas las campañas políticas, con los candidatos desplegando sus historias de vida para reforzar sus argumentos. Durante la primera campaña presidencial de Obama, la historia no sólo fortaleció el mensaje, sino que se hizo intercambiable con él. Esto no fue un accidente sino un plan. Barack es la personificación de su propio mensaje para este país, que superemos las cosas que nos dividen y nos centremos en las cosas que nos unen , dijo Axelrod, estratega jefe de la campaña, a The New York Times en el 2007. Él es su propia visión .

Cuando el presidente electo Obama soportó las críticas por reciclar funcionarios de Clinton en los puestos más altos, argumentó que no importaba, que él era suficiente. Nunca fui de la creencia de que la manera de traer el cambio es no emplear a cualquier persona que sabe cómo funcionan las cosas y comenzar de cero y reinventar completamente la rueda , Obama dijo a The Washington Post en enero del 2009. Soy el que trae el cambio, es mi visión, es mi agenda .

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Resulta que él era el cambio que habíamos estado esperando.

Su esfuerzo por mejorar las relaciones con el mundo musulmán, por ejemplo, se basaron en la idea de que su historia personal podría marcar la diferencia. En su discurso en la Universidad de El Cairo en junio del 2009, el presidente dijo que un nuevo comienzo era posible en la problemática relación. Parte de esta convicción está enraizada en mi propia experiencia , explicó. Invocó a su familia keniana, con sus generaciones de musulmanes. Recordó su infancia en Indonesia y citó su trabajo con comunidades de musulmanes en Chicago. Su historia debía disipar los estereotipos extranjeros sobre un Estados Unidos imperial e interesado y mostrar que no todos los estadounidenses comparten visiones apocalípticas del Islam.

Todo el mundo debía caer bajo el embrujo de Obama. Como candidato, él mismo explicó la lógica. Creo que si puedes decirle a la gente: ‘Tenemos un presidente en la Casa Blanca que todavía tiene una abuela viviendo en una cabaña a las orillas del lago Victoria y una hermana que es mitad indonesia, casada con un canadiense chino’, entonces va a pensar que quizá tengas un mejor sentido de lo que está pasando en nuestras vidas y en nuestro país , dijo Obama al periodista James Traub, en el 2007. Y tendrían razón .

La historia de Obama también surgió en torno a asuntos delicados de seguridad nacional. En un discurso pronunciado en el 2009 en los Archivos Nacionales, el presidente destacó la importancia de mantener a Estados Unidos a salvo al mismo tiempo que conservar sus leyes y valores, al indicar que los documentos conservados en ese edificio la Declaración de Independencia, la Constitución y la Declaración de Derechos fueron la base de la libertad en Estados Unidos y una luz para el mundo. Y entonces, sin sorpresa, volvió a él.

Estoy aquí hoy como alguien cuya vida fue posible gracias a estos documentos. Mi padre vino a estas orillas en busca de la promesa que ofrecieron. Mi madre me hizo levantarme antes del amanecer para aprender su realidad cuando vivía de niño en una tierra extranjera. Mi propio viaje estadounidense fue pavimentado por generaciones de ciudadanos que dieron sentido a esas palabras simples Para formar una unión más perfecta . He estudiado la Constitución como estudiante, la he enseñado como profesor. He estado vinculado con ella como abogado y legislador. He jurado preservar, proteger y defender la Constitución como comandante en jefe y como ciudadano. Sé que nunca debemos volver la espalda a sus principios a causa de la conveniencia .

Obama recurrió a sí mismo para abordar las revelaciones acerca de la vigilancia electrónica de la Agencia Nacional de Seguridad, en el 2013. Después de tranquilizar a los estadounidenses sobre el alcance de la supervisión de la NSA, ofreció cierto consuelo inusual. Dejaré esta oficina en algún momento (...) y después de eso, seré un ciudadano privado , dijo Obama.­ Y sospecho que, en una lista de personas de las que alguien pudiera leer los correos electrónicos o escuchar sus llamadas telefónicas, probablemente estaría en un nivel muy alto en esa lista. No es como si no tuviera un interés personal por asegurarme de que mi privacidad esté protegida .

Entonces, porque Obama se preocupa por su propia privacidad futura, ¿debemos confiar en que él nunca violaría la nuestra? Ese argumento requiere de una generosa ayuda de la autoestima. Como sugirió recientemente Henry Kissinger:­ Obama parece pensar en sí mismo no como parte de un proceso político, sino como una excepción, un fenómeno único con una capacidad única . (Y Kissinger parece un tipo que conoce esa sensación.)

Es en las relaciones raciales donde la historia de Obama­ como el primer presidente negro ha tomado la mayor relevancia. Su ascenso político se convirtió en una fuente de fantasías posraciales­ y ataques racistas incesantes y lo convirtió en un profesor de estudios afroamericanos para la nación, durante lo que se convertiría en la era Black Lives Matter. En ese papel, sus conferencias se apoyaron profundamente en su biografía.

Cuando los videos de los sermones del reverendo Jeremiah Wright denunciando a Estados Unidos amenazaron la candidatura presidencial de Obama, el candidato se basó en su historia para pronunciar el discurso más memorable de la contienda del 2008. Creo profundamente que no podemos resolver los desafíos de nuestro tiempo (...) a menos que perfeccionemos nuestra unión y entendamos que podemos tener historias diferentes, pero tenemos esperanzas comunes, que no podemos lucir iguales y no podemos haber venido del mismo lugar, pero todos queremos avanzar en la misma dirección , dijo en el National Constitution Center de Filadelfia. Esta creencia viene de mi fe inquebrantable en la decencia y generosidad del pueblo estadounidense, pero también viene de mi propia historia americana .

Las frecuentes exhortaciones de Obama a que las comunidades afroamericanas asuman mayor responsabilidad sobre sus condiciones, su preferencia por los esfuerzos universales para mejorar la educación y las oportunidades de los programas para ayudar a las poblaciones minoritarias, esto, también, refleja una confianza forjada a través de su experiencia particular.

Cada generación parece estar progresando en el cambio de actitud cuando se trata de la raza , dijo Obama. No significa que estemos en una sociedad posracial, no significa que el racismo haya sido eliminado, pero cuando hablo con Malia y Sasha y escucho a sus amigos y los veo interactuar, ellos son mejores que nosotros en estos temas . Cabe destacar que citó a su familia como evidencia, un punto de referencia individual del automejoramiento nacional.

En su más reciente libro, La Presidencia negra: Barack Obama y la política racial en Estados Unidos,­ Michael Eric Dyson se detiene en este momento. Obama elogió el progreso racial que dijo haber presenciado ‘en mi propia vida’, al sustituir su cuerpo por nuestros cuerpos, su vida por la nuestra, y afirmó de nuevo cómo su historia de avance es nuestra . El problema, argumenta Dyson, es que a pesar de su enorme poder simbólico, Obama­ es un sustituto imperfecto. El negro común no posee ni las defensas de Obama contra el peligro, ni su trayectoria triunfante, la cual continuará mucho después de que deje el cargo , escribe Dyson.

En múltiples discursos, Obama­ ofreció una visión distinta de la excepcionalidad estadounidense, un país que se esfuerza, a veces luchando, para perfeccionarse. Un proceso que interpreta a través de su propia historia. En sus memorias de 1995, Sueños de mi padre, Obama habla de su esperanza de que si la comunidad estadounidense, negra, blanca y marrón, pudiera redefinirse a sí misma, con el tiempo yo podría admitir la singularidad de mi propia vida .

En la contienda presidencial del 2016, Obama hizo campaña con más vigor y, a veces, con arrogancia. Consideraré un insulto personal, un insulto a mi legado, si esta comunidad baja la guardia y no se activa en esta elección , instó a una reunión del Congreso Negro. ¿Quieres darme una buena despedida? Ve a votar .

Esa votación terminó y ganó el candidato que prometió desmantelar el legado de Obama. Algunos votantes que habían votado por Obama, quizá dos veces, apoyaron a Donald Trump. No tengo una explicación para eso, para decirlo sin rodeos , admitió el secretario de Prensa de la Casa Blanca, Josh Earnest.

La respuesta puede no ser tan misteriosa. Incluso durante la derrota más aplastante de su partido, Obama sigue siendo popular, porque esta Presidencia era menos sobre programas federales, o sobre el Partido Demócrata o Hillary Clinton,­ que sobre el propio Obama.

Ellos caen, él asciende.

El hombre que sustituirá a Obama está aún más enamorado de su propia historia y es más despectivo con su propio partido, además de que promete rehacer la nación con la fuerza de su personalidad. Nadie conoce el sistema mejor que yo , afirmó Trump en la Convención Nacional Republicana, por eso sólo yo puedo arreglarlo .

Trump salió a los reflectores de la política nacional al contar mentiras sobre el lugar de nacimiento de Obama en esencia, un esfuerzo para borrar retroactivamente la historia de Obama y ahora busca deshacer su legado. Un presidente que usó su historia para potenciar está dando paso a un líder para quien la oficina semeja una extensión de su propia marca.

Es un final muy diferente al que un cautivador senador de Illinois podría haber imaginado hace 12 años. La falta de cumplimiento de esa visión de Estados Unidos unido ahora es parte de la historia de Obama, también.

El espíritu de conciliación nacional fue más que el polvo de duendes del discurso de Obama en la Convención Nacional Demócrata en Boston, que le consiguió la delirante atención nacional , escribió el redactor neoyorquino y biógrafo de Obama, David Remnick, en el 2014. Era también un componente elemental de su concepción de sí mismo, su sentido de que estaba especialmente capacitado para trascender la ideología y las sucias batallas del día. Obama está a la defensiva en este momento .

Pero una nueva batalla llega y esa actitud defensiva puede resultar útil. La visión de Trump para Estados Unidos amenaza con hacer que las historias como la de Obama sean menos probables. ¿Será que este presidente autorreferencial se retirará a los discursos y las memorias, o luchará por preservar el país que de hecho hizo posible su historia? ¿Y si eso es lo que sigue? El legado de Obama que nadie vio venir, ¿será más sobre la nación que sobre el hombre?

Sería un gran epílogo.

Carlos Lozada es editor asociado y crítico de libros de no ficción de The Washington Post.