Washington. Kamala Harris romperá el día de mañana uno de los techos de cristal más altos cuando preste juramento como la primera vicepresidenta de Estados Unidos, marcando el camino de la Casa Blanca más diversa de la historia.

Como compañera de fórmula del presidente electo, Joe Biden, ayudó a poner fin al turbulento gobierno de Donald Trump. Durante la campaña, Harris lo enfrentó por su manejo caótico de la pandemia, los disturbios por la injusticia racial y sus duras medidas contra la inmigración.

Harris, de 56 años, entra a la Casa Blanca tras haber recorrido un camino único. Fue la primera mujer negra en ser elegida fiscal general en California y la primera mujer de ascendencia del sur de Asia en el Senado.

"Aunque sea la primera mujer en el cargo, no seré la última", dijo Harris en un discurso el 7 de noviembre, el primero después de que las cadenas estadounidenses proyectaran a Biden y Harris como los ganadores sobre Trump y el vicepresidente Mike Pence.

Harris se graduó en la Universidad de Howard, en Washington, un ícono de la cultura negra en Estados Unidos, y ese fue el comienzo de una carrera fulgurante como fiscal, que la llevó a ser elegida dos veces como fiscal de distrito en San Francisco y luego fiscal general de California en el 2010.

Los dos padres de Harris son inmigrantes. Su padre llegó a Estados Unidos desde Jamaica y su madre, ya fallecida, desde India y sus vidas quedaron marcadas por la narrativa del "sueño americano".

Harris nació el 20 de octubre de 1964 en Oakland, California, que entonces era un foco de activismo por los derechos civiles y en contra de la guerra.

Durante la campaña, Trump insultó a Harris después de que ella debatiera frente a Pence, calificándola de "monstruo". Harris respondió: "No hago comentarios sobre sus declaraciones infantiles".