Mientras los helicópteros penetraban sigilosamente en el espacio aéreo de Pakistán el domingo pasado, el Centro de Operaciones Conjuntas de la base aérea de Bagram en Afganistán estaba bajo el control de un almirante texano que había laborado durante años para ubicar a Osama Bin Laden.

El almirante William McRaven, uno de los más experimentados cazadores de terroristas, había integrado con todo cuidado el equipo de Seals de la Armada dos meses antes.

McRaven había sido integrante de los exclusivos rangos de los Seals y dedicó semanas a supervisar los intensos entrenamientos del equipo, dado que se trataba de una delicada operación.

La búsqueda de Bin Laden estuvo encabezada por la CIA, que había dedicado seis años a armar el rompecabezas de inteligencia que finalmente condujo al complejo amurallado de Abbottabad. Pero cuando el presidente Obama autorizó por fin la operación, el director de la CIA, Leon Panetta, delegó la misión a McRaven, quien se había preparado para este momento durante la mayor parte de su carrera naval.

McRaven ha trabajado casi exclusivamente en operaciones y estrategia de contraterrorismo desde el 2001, cuando era capitán de la Armada y fue comisionado por la Casa Blanca tras los ataques terroristas del 11 de septiembre. El Almirante siempre ha enfatizado seis elementos clave para el éxito de cualquier misión: sorpresa, velocidad, seguridad, simplicidad, propósito y repetición. Para la Operación Gerónimo, nombrada en honor de un líder especialmente escurridizo, agregó un séptimo factor: precisión.

McRaven ha sido particularmente exitoso en cazar líderes del Talibán. A pesar de que es un almirante de tres estrellas a sus 55 años está en óptimas condiciones físicas. En marzo pasado, el secretario de la Defensa, Robert Gates, propuso a McRaven para una cuarta estrella, que el Senado deberá aprobar. Dado su papel en el caso Gerónimo, la aprobación se da por descontada.