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El cierre del gobierno manchó imagen de negociador de Trump
Trump dijo que "nadie conoce el sistema mejor y por eso solo yo puedo arreglarlo", había afirmado que los cierres del gobierno en el pasado fueron culpa del mandatario en turno de la Casa Blanca.

Probablemente no necesitemos pasar mucho tiempo reflexionando en la medida en que Donald Trump pronunció durante su candidatura sobre su capacidad para negociar. Dos extractos del día en que arrojó su sombrero en el ring serán suficientes.
“Si no puedes hacer un buen trato con un político”, dijo en junio del 2015 “es que algo falla, es que no eres muy bueno”. Y un poco más: “Ahora, nuestro país necesita a un líder verdaderamente grande, y necesitamos a un líder verdaderamente grande ahora. Necesitamos a un líder que escribió El arte de la negociación. Necesitamos a un líder que pueda traer de vuelta nuestros trabajos, que pueda traer de vuelta nuestras industrias, que pueda traer de vuelta a nuestros militares, que pueda cuidar de nuestros veteranos de guerra. Nuestros veteranos de guerra han sido abandonados. Y también necesitamos animadores”.
Esto fue lo que Trump le propuso al público estadounidense: estamos siendo derrotados, y se necesitará una persona ajena al negocio que sepa cómo hacer buenos negocios para arreglar las cosas. Como presidente, Trump tuvo varias oportunidades para demostrar sus habilidades en ese sentido. Y todavía le falta hacerlo.
Ningún ejemplo es más severo que el cierre del gobierno, que llegó a su tercer día. Este es el tipo de negociación de alto riesgo en la que parece que Trump prosperaría. En cambio, los informes noticiosos sugieren que el presidente ha sido marginado.
¿Por qué? Es importante recordar que hay al menos tres formas en que la habilidad autoproclamada de Trump en la negociación no se traduce a sus palabras antes mencionadas.
NO HAY ALEJAMIENTO DEL PROBLEMA.
1. En el sector privado, los tratos eran en gran medida opcionales. Si Trump intentaba averiguar si debía licenciar su nombre para una propiedad, podría simplemente dejar que el trato muriera. “Sepa cuándo hay que dejar la mesa de negociación”, escribió en Art of the Deal.
No hay opción de distanciamiento cuando se trata de los fondos del gobierno. Tiene que ser resuelto, de una manera u otra.
2. En el sector privado, las negociaciones de Trump fueron entre la Organización Trump y otras partes. No era su trabajo abogar por terceros o buscar compromisos que incluyeran satisfacer las necesidades de otros.
Como presidente, ha habido intentos de negociaciones al tú por tú del tipo que solía hacer antes de llegar a la Casa Blanca. Ha tratado de remodelar la diplomacia internacional para centrarse en los acuerdos bilaterales, a menudo con resultados embarazosos. En marzo del año pasado, la canciller alemana Angela Merkel tuvo que recordar reiteradamente a Trump que no podía negociar un acuerdo con Alemania sólo porque era parte de la Unión Europea. Trump repetidamente hizo la solicitud de todos modos.
Cuando llegó a la Feria Estatal de Iowa en el 2015, se le preguntó cómo manejaría los 535 intereses en competencia en la Cámara Baja y el Senado si fuera elegido presidente. ¿Cómo obtendría lo que quería del Congreso?
Su respuesta: que lo haría de la misma manera que obtuvo las cosas aprobadas por la junta de zonificación en la ciudad de Nueva York. Este fue entonces su argumento: “Si no puedes hacer un buen trato con un político es que algo falla, es que no eres muy bueno”.
3. Mientras que muchos en el Capitolio tienen principios claramente articulados que guían lo que quieren que suceda en esta lucha, Trump no lo hace.
En la campaña, despreció la idea de que debería haber pensado en propuestas de políticas, descartando los libros blancos, documentos que son útiles porque obligan a un candidato a comprender problemas que pueden ser desconocidos y porque sirven como guía para una negociación.
El alcance de las opiniones de Trump es un tema problemático porque su postura ahora es la postura del Partido Republicano. Se supone que Trump debe proporcionar liderazgo y abogar por una solución; es difícil hacerlo cuando sus posturas son tan inestables.
Todo esto debimos haberlo visto venir. Después de todo, Trump le dijo al país que necesitábamos un presidente que escribiera El arte de la negociación. El libro fue escrito en gran parte por un escritor fantasma llamado Tony Schwartz.
Pero Schwartz no es el presidente.